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Diseño del Oído, Olfato y Tacto

La vista no es el único sentido importante. Los nuevos descubrimientos en el oído, el olfato y el tacto también nos han puesto de manifiesto la existencia de un diseño sofisticado capaz de orientar a los ingenieros humanos hacia nuevas técnicas. El oído tiene sus propios mecanismos ingeniosos.

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Navegación y Orientación

¿Cómo se orientan los animales en sus migraciones y su vida diaria? Frecuentemente descubrimos asombrosos sistemas de procesamiento de información. Algunas criaturas usan el campo magnético de la Tierra y la polarización de la luz del Sol.

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¿Creación o Evolución?

Sometemos a crítica la teoría de que todos los seres vivientes han surgido gracias a un proceso evolutivo natural, mecanicista, a partir de una sola forma de vida, que a su vez surgió por un proceso similar a partir del mundo inorgánico, carente de vida.

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El Origen de las Razas Humanas

Una raza humana se define como un grupo de personas con ciertas características hereditarias comunes que las distinguen de otros grupos de personas.

Todos los hombres de cualquier raza están actualmente clasificados por los antropólogos o los biólogos como pertenecientes a una especie, el Homo sapiens. Dicho de otra forma: las diferencias entre las razas humanas no son grandes, aunque puedan parecerlo, por ejemplo, la diferencia de la piel blanca y la piel negra. Todas las razas humanas del mundo pueden cruzarse porque tienen mucho en común.

La mayoría de los antropólogos reconocen 3 ó 4 razas básicas del hombre en la actualidad. Estas razas pueden subdividirse en un máximo de 30 subgrupos.

(El Aborigen australiano o Australoide, es a veces considerado como un subgrupo del caucásico, ya que tiene muchas características en común con este grupo a pesar de su piel oscura. El indio americano por lo general se clasifica con la división mongoloide).

El color de las plumas es un costoso «diseño de sistema complejo»

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Los brillantes y centellantes colores en las plumas del pecho del ave del paraíso han fascinado durante mucho tiempo a los ornitólogos. Alfred Russell Wallace fue quizá el primer inglés en ver esta magnífica ave en sus hábitats nativos de Malasia, y escribió: «la riqueza de su lustroso color naranja y la exquisita delicadeza de las plumas sueltas ondulantes eran insuperables».1

Ahora, con el uso de los microscopios electrónicos, los científicos están comenzando a comprender cómo las plumas pueden emitir unos colores tan intensos. Sabemos ahora que estos colores no son producidos por pigmentos, sino por patrones geométricos organizados, conocidos como cristales fotónicos, que dan el fenómeno del «color estructural» mediante refracción en lugar de color de pigmentación mediante reflexión. Según Pete Vukusic [Universidad de Exeter] en Current Biology,2 la estructura es más compleja de lo que se creía:

El desafío colectivista al darwinismo

David Tyler

Al gran público se le lleva a creer que Charles Darwin resolvió de forma magnífica los problemas asociados con la emergencia de la complejidad biológica. Muchos formadores de opinión escriben confiados en la revolución desencadenada por la publicación de El Origen de las Especies en 1859. Estas personas han desarrollado una posición de «consenso» que usan para convencer a las sociedades científicas, a los legisladores, a las instancias de financiación y a los estamentos educativos que cualquier dilución del darwinismo es un paso atrás, y que haría retroceder la ciencia a la Edad Media. Entonces, ¿qué deberían ellos —y nosotros— pensar sobre un ensayo en Nature Physics que habla acerca de romper con «muchas de las presuposiciones del pensamiento evolucionista tradicional» y que hace resaltar su mensaje con estas palabras?:

Hay una revolución en ciernes que puede llegar a destronar la evolución darwinista como el proceso explicativo clave en biología.

Memorable:

  • La horrenda duda de Darwin

    «Pero entonces siempre surge en mí la horrenda duda de si las convicciones de la mente del hombre, que se ha desarrollado a partir de la mente de animales inferiores, tienen ningún valor o son en absoluto dignas de confianza. ¿Confiaría nadie en las convicciones de la mente de un mono, si es que hay convicciones algunas en una mente así?»

    Charles Darwin (1809 – 1882)

    Carta a William Graham, 3 julio 1881.

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