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¿Por qué hay «cosas malas» en la naturaleza?

Jonathan Sarfati, Doctor en Química

Hay muchas características de los seres vivos que a todos nos parecen hermosas. Pero ¿qué pasa con las criaturas que parecen estar bien diseñadas para infligir daño a los demás? Y si los seres vivos están tan bien diseñados ¿por qué tantos se extinguieron?

Veamos una ilustración de este tipo de argumentos; Sir David Attenborough recibe muchas cartas de creacionistas preguntándole por qué él no reconoce al Creador en el diseño maravilloso cuyas características muestra él en sus programas. Él responde asi:

«Cuando los creacionistas hablan de que Dios creó todas las especies una por una por medio de actos separados, siempre ponen como ejemplo las orquídeas, los girasoles y las cosas bellas. Yo sin embargo, tengo tendencia a pensar en un gusano parásito que está perforando el ojo de un niño sentado en la orilla de un río en África occidental, un gusano que lo va a dejar ciego. Y yo les pregunto ¿me estás diciendo que el Dios en el que crees, que también dices que es un Dios misericordioso, que cuida de cada uno de nosotros individualmente, estás diciendo que Dios creó ese gusano que solo puede vivir en el globo ocular de un niño inocente? Porque a mí no me parece que eso esté en armonía con un Dios lleno de misericordia.» 1

Es importante señalar que éste es mas bien un argumento teológico y no un argumento científico, es sobre lo que haría o no haría Dios más que sobre la evidencia científica. Es irónico que Attenborough afirme que la creación pertenece al dominio de la teología, y que la evolución pertenece al dominio de la ciencia, sin embargo, el principal argumento en contra de la creación es teológico más que científico. Al mismo tiempo, el movimiento del Diseño Inteligente tiene problemas para responder a este tipo de argumentos porque no incluye un historial de los actos de un diseñador, ya que sus partidarios habitualmente se niegan a reconocer la Biblia y su enseñanza sobre la caída (y el diluvio).

La Biblia no explica especificamente cómo se originó la dieta carnívora, pero puesto que la creación terminó después del día 6 (Génesis 2:1-3), no hay posibilidad de que Dios creara posteriormente nuevos animales carnívoros.

Sin embargo, los creacionistas bíblicos tienen tres explicaciones, generales, aunque la explicación específica depende de cada caso particular.2

1. La Biblia no parece considerar a los insectos ni a los otros invertebrados como "vivos", en el mismo sentido que los seres humanos y los animales vertebrados.

El texto hebreo nunca se refiere a un invertebrado, como alma viviente "nephesh chayyah", aunque sí a los seres humanos e incluso a los peces (Génesis 1:20, 2:7). Lo cual es coherente con la afirmación bíblica que "la vida de la carne está en la sangre" (Levítico 17:11) y el hecho de que los insectos no tienen el mismo tipo de "sangre" que los vertebrados. Por lo tanto, la dieta animal antes de la caída no excluía necesariamente a los invertebrados. Curiosamente, los insectos no parecen tener un cerebro lo suficientemente complejo para sentir un estímulo como el "dolor":

«Algunos insectos normalmente no muestran signos de experiencias dolorosas. Una libélula, por ejemplo, puede comer una buena parte de su propio abdomen si se coloca su cola en su boca. Si extraemos una parte del abdomen de una abeja ésta no detendrá su alimentación. Si se corta la cabeza de un califórido (Phormia), encoje su órgano tubular de alimentación (trompa) y empieza a chupar si sus quimiorreceptores (labellae) se ponen en contacto con una solución de azúcar, la solución ingerida simplemente sale en el cuello cortado.»3

2. Antes de la caída, muchas estructuras de ataque/defensa podrían haber sido utilizadas en el contexto de un estilo de vida vegetariano.

Por ejemplo, las arañas en la actualidad suelen utilizar sus redes para atrapar insectos y otras presas. Sin embargo, algunas arañas bebé recogen polen que usan para su alimentación,4 proporcionando una posible clave para una función de la tela de araña antes de la caída de Adán.5 Hay ejemplos modernos de leones que no comen carne,6 7 e inversamente de "herbívoros" (vaca, oveja) comiendo pollos.8 9 Un ave (pinzón) que se alimentaba de semillas se ha convertido en chupador de sangre.10 Por lo tanto, algunos de los comportamientos pueden ser aprendidos. El hecho de que es posible encontrar especies muy similares, descendientes sin duda de una especie original creada, siendo una de ellas vegetariana y la otra, carnívora, muestra cómo los animales pueden adaptarse de vegetarianos a carnívoros. Algunos ejemplos son las pirañas vegetarianas y las carnívoras11 y el buitre de nuez de palma12, que es principalmente vegetariano, mientras que un "ave de rapiña" (Guácharo) es totalmente vegetariano.13

La caída de Adán puede haber dado lugar a que ciertas características benignas pasaran a ser usadas para atacar. La necesidad de atacar puede haber surgido por diversas razones. Para algunos animales, la maldición sobre ellos (Génesis 3:14) puede haber dado lugar a una pérdida de su capacidad de sintetizar ciertos componentes de las proteínas esenciales (aminoácidos) a partir del material vegetal ingerido, por tanto, necesitan comer otros animales que contengan estos nutrientes.

Del mismo modo, con la maldición de la tierra (Génesis 3:17-18), las plantas pueden haber perdido valor nutritivo y también algunos animales que ya no podían sobrevivir con las plantas disponibles, cambiaron y empezaron a comer los animales que sí podían. Así, los animales con las características apropiadas y convenientemente diseñadas de antemano (por ejemplo, pinzas, veneno) podrían darse a la depredación para obtener los nutrientes necesarios.

Con respecto a los venenos, el concepto de "veneno" depende de las cantidades, "la dosis hace la toxina." Muchos venenos tienen beneficios si son usados en pequeñas cantidades, por ejemplo, la potente toxina digitalis, en las plantas de dedalera, en pequeñas cantidades facilita los síntomas de la insuficiencia cardíaca congestiva. E inversamente, existen incluso "buenas" cosas como el oxígeno y el agua que pueden actuar como sustancias tóxicas si están presentes en grandes cantidades.14

Antes de la caída, los niveles de toxinas hubieran sido lo suficientemente bajos como para que no fueran tóxicos. Tras la caída de Adán, las plantas podrían, a través de mutaciones de pérdida de información, perder el control de la síntesis de sustancias que se acumularan a niveles tóxicos, o perder las enzimas en los procesos metabólicos de forma que los sustratos de estas enzimas se acumulan alcanzando niveles tóxicos.

3. Dios conocía de antemano la caída de Adán, así que programó a las criaturas con información para generar las características de ataque y la defensa, que serían necesarias en un mundo corrupto. Esta información fue "activada" en la caída.

Es de destacar que el desarrollo de cada criatura individual pluricelular implica una desconexión programada de la información genética. Cada persona inicia su existencia como una sola célula, un zigoto o un óvulo fecundado por un espermatozoide. Este óvulo fecundado tiene todas las instrucciones codificadas en el ADN para hacernos como somos físicamente (siempre que se den las condiciones medioambientales apropiadas).

Pero a medida que crece el embrión, distintas células en diferentes lugares deben especializarse, de modo que se ejecutan sólo algunas instrucciones; las células se diferencian. Las instrucciones están allí, pero permanecen desactivadas de alguna forma. Hay complicados interruptores genéticos implicados, y también un proceso llamado metilación, adjuntando los grupos de metilo a las "cartas" químicas del ADN que codifican las instrucciones para que deba ser "desactivado."

Todos los interruptores de cambios de estado (on/off) deben alinearse en la secuencia correcta, la información de esta secuencia tiene una parte codificada en el ADN, pero también hay controles fuera de los genes, de ahí el término epigenética. Esta es la razón por la que sería imposible clonar dinosaurios y mamuts, incluso si encontráramos el ADN intacto; necesitaríamos también el óvulo (huevo de la madre).

El resultado de estas secuencias de conmutación que presentan un diseño tan elaborado es que las células óseas ejecutan sólo las instrucciones relativas a los huesos; las instrucciones de la sangre, nervios, piel, etc aún están en el ADN de las células, pero apagadas. Lo mismo sucede en el caso de la sangre, la piel y los otros tipos de células.

Así, si aceptamos que esta "desconexión" de información fue programada por un maestro programador genético, es posible que este programador también pudiera haber encendido la información en el momento de la caída.

Esta parece ser la mejor explicación para las características que sin duda han sido diseñadas como la picadura de medusa, que es otro tipo de mecanismo de catapulta. Las nociones evolutivas sobre su origen están en contradicción con el marco de tiempo evolutivo. Un evolucionista admitió:

«Es inconcebible que los organismos depredadores grandes como las medusas, pudieran haber existido en un momento en que alrededor de ellos no había nada para alimentarse»15

Esto se aplica a la picadura para la defensa, porque los predadores grandes no habian evolucionado aun. Pero la evidencia es consistente con una caída que afectara a todas las criaturas al mismo tiempo.16

Los agentes patógenos y la creación

Algunas personas se preguntan cómo las enfermedades provocdas por gérmenes encajan en el marco bíblico, si Dios lo creó todo «muy bueno». En este marco, obviamente, la caída fue responsable de la enfermedad, pero ¿Cómo es posible si Dios había cesado de crear al final de la Semana de la Creación?

Sin embargo, incluso algo generalmente conocido como un germen mortal puede tener una variante inofensiva que no cause enfermedad. Es de suponer que algo así fue creado durante la semana de la creación, -todavía hoy en día, "Vibrio cholerae", la bacteria que causa el cólera, tiene una forma no virulenta. Esta bacteria también tiene un papel en los ecosistemas de aguas salobres y estuarios, y el original puede haber cumplido una función viviendo en simbiosis con algunas personas. Incluso su toxina, en cantidades pequeñas, puede tener una función beneficiosa, al igual que la mayoría de los venenos. La virulencia surgió después de la caída, por la selección natural de las variedades de producción de la toxina a la vez que el agua contaminada se hiciera más abundante. Este proceso no requiere nueva información genética. Además, la evidencia reciente muestra que la pérdida de la quimiotaxis, la capacidad de moverse en respuesta a cambios en las concentraciones de productos químicos; "incrementará notablemente la infección en un ratón lactante afectado por el cólera".17

El germen de la lepra es otro buen ejemplo. El Mycobacterium Leprae, la forma que causa la enfermedad, ha perdido más de 2.000 genes, una cuarta parte de su genoma total.18 Otro ejemplo probable de la virulencia que surge por la pérdida de información son los micoplasmas, el microorganismo autoreproductor más pequeño que se conoce (son bacterias parasitarias sin paredes celulares y que cuentan con menos de 1.000 genes, que se encuentran en el sistema respiratorio y el tracto urogenital de los seres humanos). La pérdida de información genética, por ejemplo, para la síntesis de aminoácidos, podría haber resultado en micoplasmas cada vez más dependientes de sus anfitriones para la supervivencia.19 20

Del mismo modo, también, en el caso de los virus: aquellos que son más dañinos parecen haber degenerado, por ejemplo, la mayoría de las cepas patógenas del VIH son también los menos aptos (no sobreviven, igual que las cepas menos virulentas).21

Incluso hoy en día se pueden observar algunos indicadores de posibles funciones benignas existentes antes de la caída de Adán. Los virus no son entidades vivas, porque no pueden reproducirse por sí mismos, sino que necesitan la maquinaria de la copia de las células más complejas. Pero tienen una serie de funciones útiles, incluso hoy en día, entre ellas el transporte de genes entre las plantas y animales, el mantenimiento de suelos fértiles, el mantenimiento de agua limpia y la regulación de gases en la atmósfera.22 Así que, una vez más, algunas supuestas pruebas de la evolución en realidad proporcionan apoyo al modelo Creación/Caída

Debemos señalar también que los microbios "ayudan a iniciar al sistema inmunológico" y muchas alergias podrían deberse a un entorno de vida que es muy limpio. Debe tenerse en cuenta que el sistema inmunológico, sería importante incluso antes de la caída para distinguir entre el organismo y el no-organismo.

EXTINCIONES

Algunos se oponen a un diseñador en base a que supuestamente el 95-99% de las especies se han extinguido. Sin embargo, el registro conocido de especies extintas y existentes no apoya esto. El número de especies fósiles encontradas en realidad está alrededor de 250.000, mientras que hay unas tres millones de especies con vida o incluso más, dependiendo de la persona que narre la historia. Pero si este >95% fuera correcto, sería de esperar que hubiera muchas más especies fósiles que especies vivas.

La única explicación plausible es el sesgo de la evolución. Para que la evolución sea verdad, tendría que haber innumerables formas de transición entre los diferentes tipos de criaturas. Por lo tanto, por cada especie de fosil conocida, tendrían que haber existido muchas más para conectar sus antepasados con los descendientes. Este es otro ejemplo en el cual las conclusiones de la evolución vienen antes de la prueba. En realidad, esta afirmación es una admisión implícita de que la evolución prevé un gran número de formas de transición, lo cual pone más alto el listón que deben superar los evolucionistas, dada la escasa cantidad de ejemplares que puedan ser presentados como evidenica.

En lo que se refiere a las extinciones en general, "el diseño simple" tiene algunos problemas que el modelo bíblico explica. Esto es debido a que incluye la caída y el diluvio, y las consecuencias probables de la inundación; la Edad de Hielo.

Referencias : 
  1. Buchanan, M, Wild, Wild Life, Sydney Morning Herald, The Guide, page 6, 24 March 2003.
  2. Batten, D., Catchpoole, D., Sarfati, J. and Wieland, C., The Creation Answers Book, ch. 6., Creation Book Publishers, 2007.
  3. ‘Sensory Reception: Mechanoreception’, Encyclopædia Britannica (Electronic edition on CD).
  4. White, T., Pollen-eating spiders, Nature Australia 26(7):5, Summer 1999–2000.
  5. Pollen-eating spiders, Creation 22(3):5, 2000.
  6. Catchpoole, D., The lion that wouldn’t eat meat, Creation 22(2):22–23, 2000; .
  7. Catchpoole, D., Lea, the spaghetti lioness, Creation 29(4):44–45, 2007.
  8. Carnivorous cow, Creation 29(4):7, 2007.
  9. Wild and woolly, Creation 21(4):9, 1999.
  10. Catchpoole, D., Vampire finches of the Galápagos, Creation 29(3):52–53, 2007.
  11. Catchpoole, D., Piranha, Creation 22(4):20–23, 2000; .
  12. Catchpoole, D., The ‘bird of prey’ that’s not, Creation 23(1):24–25, 2000; .
  13. Bell, B., The super-senses of oilbirds: Bizarre birds elude an evolutionary explanation, Creation 28(1):38–41, 2005; .
  14. Bergman, J., Understanding Poisons from a Creationist Perspective, J. Creation 11(3):353–360, 1997; .
  15. Phylum Cnidaria, , 2003.
  16. Catchpoole, D., Skeptics challenge: a ‘God of love’ created a killer jellyfish? Crush, kill, destroy; why do creatures have equipment to attack, kill and eat other animals? Creation 25(4):34–35, 2003; .
  17. Merrell, D.S. et al., Host-induced epidemic spread of the cholera bacterium, Nature 417(6889):642–644, 2002.
  18. Eiglmeier, K. The decaying genome of Mycobacterium leprae, Lepr. Rev., 72:387-398, 2001.
  19. Wood, T.C., Genome decay in the Mycoplasmas, Impact 340, October 2001; .
  20. Wieland, C., Diseases on the Ark (Answering the critics), J. Creation 8(1):16–18, 1994, explains important related concepts.
  21. Wodarz, D. and Levy, D.N., Human immunodeficiency virus evolution towards reduced replicative fitness in vivo and the development of AIDS, Proc. Royal Soc. B, 31 July 2007 | DOI:10.1098/rspb.2007.0413.
  22. Véase también Bergman, J., Did God make pathogenic viruses? J. Creation 13(1):115–125, 1999; Kim, M., Biological view of viruses: creation vs evolution, J. Creation 20(3):12–13, 2006.
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