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El «Equilibrio Puntuado» y la controversia Macro-Micromutacionista

A. James Melnick

Parece en la actualidad que los evolucionistas están admitiendo más y más abiertamente que lo que hasta ahora había sido el dogma evolucionista normativo, la evolución gradual mediante micromutaciones, no está apoyado ni por el registro fósil ni por el sentido común. Por ello, se está oyendo más y más la noción de la evolución a saltos, mediante macromutaciones y monstruos viables. Pero este dogma presenta sus propias dificultades, por no decir imposibilidades.

Conviene que estemos todos al tanto de cómo está la situación. De la controversia actual podremos desvelar hechos contra ambos tipos de evolucionismo y, por ende, que señalan a la creación específica.

Es sorprendente lo que se puede llegar a encontrar en la actualidad incluso en la literatura supuestamente evolucionista y actualista. Por ejemplo, Stephen Jay Gould, profesor de geología en Harvard, y relacionado con el Museo de Zoología Comparada de allí, ha afirmado en un reciente artículo que la moderna teoría sintética de la evolución ha muerto:

Bien recuerdo cómo me hechizó la teoría sintética por su poder unificador cuando era estudiante graduado a mediados de la década de los 60. Desde entonces la he contemplado en su lenta expansión como descripción universal de la evolución. El asalto molecular vino en primer lugar, seguido después por una atención renovada a teorías heterodoxas acerca de la especiación y con desafíos a nivel de la misma macroevolución. Me ha costado admitirlo, pero si la caracterización que hace Mayr1 de la teoría sintética es precisa, sigue que esta teoría, como una proposición general, está en realidad muerta, a pesar de su persistencia como ortodoxia de libro de texto».2

¡Esto es una noticia sensacional! Es evidente que una de las principales razones para llegar a esta conclusión se basa en la ausencia de formas de transición en el registro fósil:

La ausencia de evidencia fósil de etapas intermedias entre las principales transiciones en el plan orgánico, y ciertamente nuestra incapacidad, incluso al nivel de nuestra imaginación, de construir intermedios funcionales en muchos casos, ha constituido un problema persistente y acosador para los relatos gradualistas de la evolución.3

Kitts añade:

A pesar de la brillante promesa de que la paleontología provee un medio de "ver" la evolución, en realidad ha presentado algunas fuertes dificultades para los evolucionistas, siendo la más notoria de ellas la presencia de "discontinuidades" en el registro fósil. La evolución exige formas intermedias entre las especies, y la paleontología no las suministra.4

Muchos científicos evolucionistas admiten que estas «fuertes dificultades» no pueden ser resueltas por el neodarwinismo en su forma actual. Algo nuevo tiene que tomar su lugar. «Saltacionismo», «monstruos viables», «teorías schindewolfianas»,5 «equilibrio puntuado», «macromutaciones»; estas son las respuestas que se proponen. Todas ellas son palabras clave para una doctrina esencialmente idéntica acerca de la evolución. Todas ellas representan el mismo campo de teoría que mantiene que la evolución no ocurrió ni pudo ocurrir en base del panorama gradualista estándar de cambios micromutacionales, sino que tuvo lugar en una serie de «saltos» a lo largo del árbol filogenético.

En años recientes, esta explicación se ha hecho mucho más popular, debido a que una valoración honesta del registro fósil por parte de algunos evolucionistas les ha obligado a llegar a la conclusión de que la actual doctrina evolucionista sintética está pasada de moda, y que no está apoyada por la evidencia. Nos encontramos ahora con un nuevo juego de teorías y con una nueva fraseología, especialmente los términos «equilibrio puntuado» y «macromutación», que intentan dar cuenta de cómo hemos venido a la existencia. Esta teoría fue propuesta con gran fuerza por Niles Eldredge y Stephen Gould por primera vez en 1972.6 Las ideas en sí mismas no son cosa nueva, sino que han sido sacadas del trastero y han sido rebarnizadas por una sola razón: Si la teoría sintética de la evolución está muerta, como dice Gould, algo tiene que tomar su lugar, y, como la creación específica no es una opción admisible7 (¿?), nace el equilibrio puntuado. Naturalmente, siempre queda la opción de interpretar el registro fósil mediante el modelo del «estado estacionario» usando la presuposición de que

Las especies no se originan. Todo lo que hacen es permanecer en existencia o extinguirse.8

Pero esta posición queda rebatida ya de entrada debido al segundo principio de la termodinámica. Si las especies han existido siempre (esto es, desde toda la eternidad), y no surgen especies nuevas (las existentes solo pueden extinguirse), ¿Cómo puede ser que permanezca ninguna? La biosfera de nuestro planeta (que da soporte a todos los sistemas vivos conocidos) es significativamente tenue, por lo que el postulado de una existencia física desde toda la eternidad carece de significado científico.




Estado Estacionario
Gradualismo Filético (Darwinismo, Neo-darwinismo)
Equilibrio Puntuado
Creación Específica

En el modelo de estado estacionario se considera que las líneas, que representan a los tipos o especies, se extienden hacia el pasado infinito, esto es, que han existido eternamente.

En el diagrama correspondiente al Equilibrio puntuado, las líneas discontinuas muestran las líneas de descendencia que se supone tuvieron lugar, pero que son tan abruptas que no dejaron fósiles.

Según Eldredge y Gould, durante la mayor parte del tiempo de existencia de una especie ésta permanecería estable o con cambios menores (periodos de estasis), acumulándose cambio evolutivo durante el proceso de especiación (formación de una especie nueva), que sería una especie de revolución genética breve en términos geológicos.

En la Creación específica, los tipos naturales fueron creados separados y permanecen separados. Sin embargo, las líneas divergentes que quedan cerca de las originales representan la posibilidad de una variación limitada, que muchos creacionistas reconocen. Por ejemplo, los perros y los lobos pudieran haber tenido un antepasado común.

Figura 1: Se contrastan gráficamente los varios modelos taxonómicos. Una barra horizontal en el extremo de la línea indica extinción.

Así que en realidad nos quedamos con muy pocas opciones (véase figura 1), y al evolucionista que ha crecido con el gradualismo (y con todos los corolarios del actualismo), «el equilibrio puntuado» tiene que sonarle aterrorizador. Pero para los que han rechazado la «síntesis moderna», como se llama, es su lema.9 Las implicaciones de todo esto están solamente empezando a filtrarse a la prensa popular,10 y sospecho que veremos mucho más en el futuro. Todo este problema está creando una fuerte marejada. Los «gradualistas», esto es, los micromutacionistas, están desconcertados y turbados:

...Hay pocos casos (por no decir ninguno) bien establecidos de macromutaciones morfológicas que hayan quedado fijadas en poblaciones naturales de animales. Las mutaciones de gran extensión son casi siempre deletéreas...11

Los defensores del equilibrio puntuado y de las macromutaciones citan como evidencia la frecuente ausencia de las formas de transición del registro fósil.12 Esta información negativa no es convincente».13

Las «macromutaciones» hacen derrumbar toda la estructura sobre la que se basa la moderna biología evolucionista, esto es, que haya tenido lugar una acumulación de una serie de micromutaciones dentro de una especie a lo largo de un dilatado periodo de tiempo con un éxito tal que haya posibilitado que aquella especie, mediante el concurso de la selección natural, haya evolucionado. Estos son evidentemente los términos en que está planteada la lucha en la teoría evolucionista, y algunos de los principales exponentes del neodarwinismo clásico, como Ernst Mayr, están alineándose para la batalla:

Lo absurdo de creer en la aparición simultanea de numerosos «monstruos viables», como Goldschmidt (1940) los denominó, fue apreciado con mucha mayor claridad por parte de Darwin que por parte de algunos evolucionistas recientes.14

Naturalmente, Mayr tiene que acudir a su máxima autoridad (Darwin) en pos de un apoyo por lo menos moral, y solamente le dedica a la teoría macromutacionista unas pocas frases condescendientes en su obra principal, Evolution and the Diversity of Life. Concluye así:

La evidencia, tanto genética como morfológica o funcional, se halla tan uniformemente opuesta a un origen saltacionista de nuevas estructuras que no queda otra alternativa que la de buscar explicaciones en términos de un origen gradual.15

¿Y cómo se define el salto? Para responder a esto citamos de la revista Evolution:

por "salto" Darwin entendía precisamente lo que se ha entendido tradicionalmente por este término: una macromutación. Un salto es un gran cambio en una sola generación.16

De manera que nos encontramos con una contradicción evidente y muy grave. En palabras de Løvtrop:

Creo que aquí estamos frente a dos teorías alternativas, y mutuamente exclusivas. Naturalmente, es posible aceptar simultáneamente ambas teorías, la micromutacionista y la macromutacionista, o sea, refundirlas en una sola teoría exclusiva, pero solamente los intelectualmente desorientados o los deshonestos pueden adherirse a esta postura y afirmar que son neodarwinistas.17

En otras palabras, Løvtrop rehusa la etiqueta clásica de neodarwinista a los que acepten la tesis macromutacionista. También afirma que la teoría macromutacionista se basa en mucho más que en el mero silencio del registro fósil a este respecto:

El «poder creativo» preciso para formar, digamos, un vertebrado concreto, involucra el origen del mecanismo epigenético capaz de crear el animal en cuestión. Y este mecanismo, y por ende el poder creativo, tiene que ser exactamente el mismo, tanto si se origina mediante una gran cantidad de pequeños pasos graduales como en unos pocos pasos más grandes. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ambas alternativas. La primera implica una serie de pasos intermedios, que tienen que haber sido grotescos en muchos casos. Y sin embargo, la teoría exige que estas formas hayan sido tan aptas que hayan suplantado a las originales.En mi opinión, esta deducción lógica de la teoría micromutacionista no precisa de ninguna refutación empírica. Es suficiente el sentido común.18

Esto es precisamente lo que los creacionistas han estado diciendo una y otra vez.

La paradoja es que la tesis macromutacionista, llevada a sus conclusiones lógicas, es igualmente absurda. Así, si una salamandra puso cinco huevos, y de cuatro de los cinco salieron salamandras, pero del último (debido a una gran mutación genética postulada) salió algún ser peludo marrón, el ser peludo marrón no solamente tendría que ser capaz de sobrevivir (en un medio «extraño» que le daría escasos recursos), sino que también tendría que encontrar otro ser peludo marrón que tuviera el mismo nivel, exacto, de mutación genética, ¡pero del sexo opuesto! ¡Y estos son los monstruos viables! Y la respuesta del gradualista es que para algunos genetistas todos los monstruos son inviables.19 ¿Cómo puede dar respuesta el saltacionista a este argumento?:

...La nueva mutación puede involucrar «cambios principales en el tamaño u organización del genoma», y en este caso es probable el aislamiento sexual (¿?) ...Pero garantizo a mis críticos que si la nueva mutación no involucra aislamiento, entonces pudiera quedar fijada mediante reproducción.20

Así le da la vuelta al asunto, pero incluso el mismo modelo gradualista se halla con considerables dificultades ante la problemática de «reproducción con mutación»:

Llegado el momento, el grupo aislado podría alcanzar una distancia genética suficiente del grupo progenitor como para quedar reproductivamente aislado: de ahí el establecimiento de una nueva especie».21

Una vez más, nos hallamos ante algo que es esencialmente teoría, y esta teoría, cuando se pone al nivel macromutativo, demanda, como lo afirma Løvtrop, una serie de formas intermedias grotescas, cada una de las cuales tiene que estar idealmente adaptada a su ambiente. Y este «poder creativo», como lo denomina Løvtrop, tiene que ser exactamente el mismo en sus etapas ascendentes y consistente a través de todo el tiempo. Si no es así, la evolución no podrá ocurrir y no ocurrirá. Por ello, cree él que tiene una probabilidad mucho mayor con sus «monstruos viables». Esto sería divertido si no fuera por el hecho de que a nuestros escolares, muy probablemente se les enseñará esto, conforme el «equilibrio puntuado» vaya alcanzando la posición de hijastro favorito de la concepción darwinista del mundo.

Pero lo que encontramos dentro de estas dos escuelas de pensamiento evolucionista es que cada una de ellas apela a una «evidencia final» que cree que invalida el punto de vista de otra. Los micromutacionistas dicen que como principio la macromutación está, generalmente hablando, fuera de juego. Los macromutacionistas dicen que si el gradualismo fuera cierto, debería haber alguna evidencia de ello en el registro fósil, y no la hay. ¿Son acaso los creacionistas los únicos que tienen que soportar la supresión y las distorsión de la evidencia por parte de sus oponentes? No. Los macromutacionistas, al ser los «recién llegados», están afrontando problemas similares, y no les gusta nada este juego:

Otra manera de evitar la falsación (del neodarwinismo) consiste en infravalorar, dejar a un lado o eliminar la evidencia en contra... Si los neodarwinistas hubieran podido movilizar una evidencia convincente en favor de su teoría, no estaría teniendo lugar el presente debate. Pero sin hechos, ¿cómo es posible enfrentarse a los críticos? Sólo hay una manera: palabras. Se han seguido dos vías; la primera de ellas ha sido apelar al consenso de la mayoría... La otra táctica es la de responder con postulados dogmáticos... E incluso se puede dar un paso más, y abandonar todas las reglas del discurso lógico.22

Así que ya no somos los únicos en tener que sufrir estas tácticas. Y el nivel en que está siendo llevada esta discusión concreta no es comprendido siempre, ni siquiera entre los mismos científicos.

Todo esto señala al hecho de que incluso en el mundo evolucionista las posibilidades de confusión semántica son enormes. Y esto es especialmente cierto por lo que respecta a la controversia «macro-micromutacionista». Søren Løvtrop, del Departamento de Zoofisiología, Universidad de Umea, Suecia, escribió su artículo titulado Semantics, Logic and Vulgate Neodarwinism, publicado en la revista Evolutionary Teory, para despejar lo que él cree son burdas malinterpretaciones de la teoría de las macromutaciones por parte de los otros neodarwinistas más ortodoxos.23 Debido al clamor levantado en contra de ellos, Gould y Eldredge se sintieron obligados en su artículo de 1977 en Paleobiology24 a incluir el siguiente encabezamiento: «Lo que Eldredge y Gould no dijeron (y si dijeron)» (Sería maravilloso si a los creacionistas se les diera la oportunidad de dar respuesta a sus críticos en las páginas de las principales revistas científicas.) De manera que es evidente que se va a precisar de un cierto tiempo para que se despeje el humo en toda esta área. En el interín se podrá aprender mucho de la mera observación del desarrollo de esta controversia. Están saltando las acusaciones y las contraacusaciones entre los evolucionistas. El «equilibrio puntuado» es un tema con sobretonos sumamente emocionales, y están surgiendo algunas actitudes muy anticientíficas:

¡Qué pena que la disputa científica haya caído tan baja!25

Aquí tenemos a un macromutacionista hablando. Y después leemos el siguiente comentario de la zona micromutacionista de la casa:

¿Para qué tipo de trucos habremos de prepararnos? Por una parte nos vienen con una pseudo-historia... Cracraft, que da su apoyo al «equilibrio puntuado» de Eldredge y Gould, intenta mostrar que Darwin rechazó la «saltación» por razones «extracientíficas». Este argumento está basado en parte en un soberbio sofisma.26

Así, que a nosotros nos toca observar la lucha desde fuera. En realidad no se nos ha invitado a participar, y quizá sea mejor que dejemos que los dos lados se peleen por un rato. Es de sospechar que el «equilibrio puntuado»llegará a dominar la escena, pero mientras tanto está haciendo un buen servicio, y en cuanto a esto tengo que estar plenamente de acuerdo con G. H. Harper:

...Los proponentes del equilibrio puntuado han sido muy amables en proveer un enfoque no evolucionista del registro fósil; los que defendemos la teoría del estado estacionario [y los creacionistas, mi inserción] podemos expresarles nuestro agradecimiento y alentarles en su labor.27

Y esto, ¿Por qué? Porque están investigando y sacando a la luz los mismos hechos sobre los que los creacionistas han estado insistiendo durante décadas. Es muy gratificante contemplar cómo todo va desarrollándose, pero también muy perturbador ver que, a pesar de los hechos, la mayor parte de los evolucionistas siguen aferrándose a los restos de su teoría. Como lo dice el mismo Løvtrop:

¿Y qué otra cosa implicaría la falsación de esta predicción, sino la creación específica?28

Cierto. Pero él mismo no la acepta, sino que prefiere creer en un mundo de macromutaciones. Pero nosotros, los creacionistas bíblicos, tenemos el conocimiento cierto de que la única «macromutación positiva» es el cambio espiritual, por el que la criatura caída en pecado pasa a ser un hijo de Dios.

Referencias : 
  1. «Los proponentes de la teoría sintética mantienen que toda la evolución se debe a la acumulación de pequeños cambios genéticos, conducida por la selección natural, y que la evolución transespecífica no es nada más que una extrapolación y ampliación de los acontecimientos que tienen lugar dentro de las poblaciones y especies». Mayr, Ernst, 1963. Animal Species and Evolution. Belknap Press de la Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, pág. 586.
  2. Gould, Stephen J., 1980. «Is a new and general theory of evolution emerging?» Paleobiology, 6(1):120.
  3. Ibid., pág. 127.
  4. Kitts, David B., 1974. «Paleontology and evolutionary theory». Evolution, vol. 28, septiembre, pág. 467.
  5. Schindewolf, O. H., 1950. Grunfragen der Paleontologie. E. Schweizerbart, Stuttgart.
  6. Eldredge, N. y S. J. Gould, 1972. «Punctuated Equilibria; an alternative to phyletic gradualism». págs. 82-115. En: Schopf, T. J. M. Ed., Models in Paleobiology. Freeman, Cooper and Co., San Francisco, Calif.
  7. Golay, Marcel, 1961. «Reflections of a communications engineer». Analytical Chemistry. Vol. 33, junio, págs. 23A-36A: «Pero el concepto semirreligioso de una creación, con el concepto que incluye de un creador, es científicamente inadmisible,...»
  8. Harper, G. H., 1980. «Alternatives to evolutionism». Creation Research Society Quarterly 17(1):49-50. Véase especialmente pág 50.
  9. Morris, H. M., 1979. Revolutionary evolutionism. ICR Impact Series, n(o) 77, Noviembre 1979.
  10. Adler, Jerry y John Carey, 1980. «Is man a subtle accident?» Newsweek, 3 de noviembre 1980, págs. 95-96.
  11. Lande, Russell, 1980. «A review of: Microevolution in relation to macroevolution». Paleobiology, 6(2):234.
  12. Ibid., pág. 235.
  13. Ibid.
  14. Mayr, Ernst, 1976. Evolution and the Diversity of Life. Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, pág. 93.
  15. Ibid., pág. 95.
  16. Ghiselin, Michael T., 1980. «A review: Phylogenetic mythogenesis and paleontology». Evolution 34(4):823.
  17. Løvtrop, Søren, 1979. «Semantics, logic and vulgate neodarwinism». Evolutionary Theory, n(o)4, julio, pág. 162.
  18. Ibid., pág. 164.
  19. Adler, Jerry y John Carey, 1980. «Is man a subtle accident» Newsweek, 3 de noviembre 1980, pág. 96.
  20. Løvtrop, op. cit., pág. 167.
  21. Lewin, Roger, 1980. «Evolutionary theory under fire». Science, Vol. 210, 21 de noviembre, 1980:885. Este artículo examina también la conferencia de Chicago de octubre de 1980, en la que el «equilibrio puntuado» lanzó un reto formal a la moderna teoría sintética.
  22. Løvtrop, op. cit., págs. 168-169.
  23. Ibid., págs. 157-172.
  24. Gould, Stephen J. y Niles Eldredge, 1977, «Punctuated equilibria: the tempo and mode of evolution reconsidered». Paleobiology, 3(2):118-120.
  25. Løvtrop, op. cit., pág. 164
  26. Ghiselim, op. cit., pág. 823.
  27. Harper, op. cit., pág. 53.
  28. Løvtrop, op. cit., pág. 159.
Agradecimientos: 

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