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El cromosoma 2 — ¿prueba de descendencia común?

Jonathan M.

 Recientemente adquirí y leí el libro relativamente reciente de Daniel Fairbanks (febrero de 2010), Relics of Eden — The Powerful Evidence of Evolution in Human DNA. [Reliquias del Edén — la contundente prueba de evolución en el ADN humano].

Hubo un tiempo en que yo mismo me hubiera sentido convencido por muchos de los argumentos en favor de la descendencia común que se articulan en este libro. Siempre me he sentido escéptico, en gran medida, acerca de la proposición de la eficacia causal sin límites que se atribuye a menudo de forma tan despreocupada a la síntesis neodarwinista. Pero hubo un tiempo en que hubiera favorecido con energía un paradigma consistente con una descendencia común.

Pero más recientemente he estado ahondando en la literatura científica, y esto me ha dado razón para precaverme contra estas formas de argumentación, por convincentes que puedan parecer inicialmente a los que no conocen la materia. Como suele ser el caso de muchos escritores populares sobre ciencia, Fairbanks escribe de forma atractiva, y es un comunicador sumamente efectivo para los lectores no especialistas.

Sin embargo, después de leer el libro quedó muy claro que, en múltiples niveles, Fairbanks parecía desconocer mucha de la literatura científica que ofrece potentes contraejemplos a muchos de los argumentos que él presenta en favor de una descendencia común (un ejemplo de los cuales se detalla más abajo).

Creo que Massimo Piattelli-Palmarini (coautor de What Darwin Got Wrong [El Error de Darwin ]) tenía razón al escribir:

«Es muy difícil disuadirlos, explicarles que este proceso es desde luego real y presente por todas partes, pero que no puede explicar el origen de las especies, según creía Darwin. Una opinión que ahora es compartida por muchos distinguidos biólogos (por favor, lea nuestro libro para ver por quién y por qué). La absoluta genialidad de la idea, y el entusiasmo que uno siente por haberla comprendido, hace que sus mentes dejen de prestar cualquier atención a los datos contrarios.»

Es mi intención escribir una reseña completa del libro de Fairbanks cuando disponga del tiempo necesario.

Aquellos entre nosotros que leemos y ahondamos constantemente en la abundante literatura producida por nuestros críticos estarán acostumbrados al argumento que frecuentemente se presenta en favor de la descendencia común para humanos y chimpancés basado en los datos de fusión con respecto al cromosoma 2 en los seres humanos.

El biólogo de la Universidad Brown, Kenneth Miller, ha adquirido fama por presentar este argumento en sus conferencias (véase, por ejemplo, aquí) y por haber también presentado este alegato en el juicio de Dover en 2005 (véase el comentario de Casey Luskin aquí). Daniel Fairbanks, en su mencionado libro, dedica todo su primer capítulo a tratar acerca de esta cuestión.

De forma sumaria, el argumento basado en la fusión cromosómica en apoyo de una descendencia común de humanos y chimpancés comienza con la observación de que los humanos poseen 23 pares de cromosomas, mientras que los simios poseen 24 pares, lo que permite predecir que —si la evolución es cierta— tuvo que darse una fusión cromosómica en algún punto de nuestro linaje.

En la metafase del hombre (derecha) se detectan dos copias del cromosoma 2. En la metafase del orangután (izquierda) se detectan los dos pares originales.

Y, desde luego, esto es lo que se observa. El cromosoma 2 posee dos centrómeros. También posee una sección donde hay dos telómeros en medio del cromosoma, orientados de tal manera que sugieren que los extremos de ambos cromosomas se fusionaron entre sí. Cada telómero en los cromosomas humanos y de los grandes simios tiene la secuencia de seis pares de bases, TTAGGG, repetida una y otra vez entre aproximadamente cincuenta y cien veces en tándem. Estas unidades teloméricas repetitivas, cuando se encuentran no en los telómeros al final de un cromosoma, sino en medio del cromosoma (quizá cerca del centrómero), se designan en la literatura como «secuencias teloméricas intersticiales» (o ITS, por sus siglas en inglés).

En el sitio de la supuesta fusión en el cromosoma 2, la secuencia en la hebra superior cambia repentinamente de repeticiones TTAGGG a repeticiones CCCTAA (la secuencia complementaria de la inversión). Esto se considera como indicativo de que el ADN en un telómero de un cromosoma y el ADN en un telómero del otro cromosoma se rompieron y que posteriormente los dos cromosomas se fusionaron en los extremos rotos. Este sitio es designado en la literatura como 2q13 (donde «2» se refiere al número de cromosoma, «q» se refiere al brazo largo, y «13» se refiere a la posición en el brazo).

Ahora bien, lo cierto es que hay explicaciones alternativas verosímiles para esta observación (contemplemos, por ejemplo, un escenario en el que nuestro género Homo, poseyendo originalmente 48 cromosomas, experimentase un evento de fusión cromosómica dentro de su propio linaje independiente). Este argumento se presenta a menudo en la blogosfera del Diseño Inteligente como respuesta a esta clase de argumentación; pero no es esto lo que yo quiero suscitar en esta reseña.

Recientemente descubrí un artículo con revisión paritaria que apareció en la revista Cytogenetic and Genome Researchen 2009, de Farré, Ponsà y Bosch [Farré, M., M. Ponsà, et al. (2009). «Interstitial telomeric sequences (ITSs) are not located at the exact evolutionary breakpoints in primates». Cytogenet Genome Res. 124(2): 128-131.]

Según se informa en el resumen:

«Aunque su función no ha quedado todavía claramente elucidada, las secuencias teloméricas intersticiales (ITSs) han sido citogenéticamente asociadas con reorganizaciones cromosómicas, sitios frágiles y puntos calientes de recombinación. En este artículo demostramos que las ITSs no están ubicadas en los puntos de rotura evolutiva exacta de las inversiones entre los cromosomas humano y de chimpancé y entre los cromosomas humano y de macaco rhesus. Hemos demostrado que las ITSs no son señales de reparación en los puntos de rotura de las reorganizaciones del cromosoma objeto de análisis. Descubrimos ITSs en la región (0,7–2,7 Mb) que flanqueaban uno de los dos puntos de rotura en todas las inversiones evaluadas. La presencia de ITSs en estas ubicaciones no se da por azar. Son cortas (hasta 7,83 repeticiones) y casi perfectas (82,5–97,1% coincidencias). Las ITSs están conservadas en las especies comparadas, lo que demuestra que estaban  presentes antes que tuvieran lugar las reorganizaciones».

Así, ¿qué trascendencia tiene el artículo citado? Aunque hay muchos ejemplos documentados de estas secuencias teloméricas intersticiales en los genomas humanos y de chimpancés, la secuencia telomérica intersticial 2q13 es la única que se puede asociar con un punto de rotura o de fusión evolutivo. ¡Los otros no concuerdan en absoluto con puntos de rotura cromosómica en los primates!

Cómo los autores del artículo hacen observar:

«La disponibilidad de secuencias genómicas completas (Hubbard et al., 2007) ofrece la oportunidad de caracterizar las regiones que flanquean los puntos de rotura de reorganizaciones cromosómicas a nivel molecular. Sin embargo, por lo que sabemos, sólo la ITS cabeza a cabeza situada en la región humana 2q13, que es una reliquia de una antigua fusión telómero-telómero, es precisamente asociada con un punto de rotura evolutivo (Ijdo et al., 1991). Aquí procedimos a usar herramientas bioinformáticas para analizar, en las actuales publicaciones de genomas, la presencia de ITSs cortas en las inversiones cromosómicas que no involucran regiones terminales y que tuvieron lugar entre humanos y chimpancés y entre humanos y macacos rhesus durante la evolución.»

El biólogo evolutivo Richard Sternberg, favorable hacia la tesis del Diseño Inteligente, también ha aportado su perspectiva acerca de esto en su artículo aquí.

De modo que el mensaje central de todo este tema es el siguiente:

Apoyarse en la secuencia telomérica intersticial 2q13 y presentarla como típica de lo que se observa en los genomas del chimpancé y de los humanos puede considerarse como una deliberada y cuidada selección de datos.

Un fenómeno que, desafortunadamente, observamos con excesiva frecuencia en la biología evolutiva. ¿Acaso profesionales como Miller y Fairbanks no saben estas cosas? ¿O quizá deciden sencillamente no mencionarlas? ¿Acaso no son los mencionados unos potentes contraejemplos (y hay casos similares para la mayoría de los argumentos desarrollados por Fairbanks en su libro) y de peso para cualquier análisis sincero e intelectualmente honesto acerca de estas cuestiones?

Es la omisión de considerar objetivamente todos los datos lo que conduce al darwinismo a tantas y peligrosas trampas.

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