You are here

La Función de lo Inútil

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Si las alas sirven habitualmente para volar, ¿Por qué las aves que nunca vuelan como avestruces, ñandús, emús y algunas otras las poseen? ¿De qué le sirven los ojos al topo? ¿Por qué algunas serpientes tienen cintura pélvica y restos óseos que recuerdan las patas traseras de otros animales?

Estas y muchas otras cuestiones parecidas han hecho correr abundante tinta en el mundo de los naturalistas. En su libro El Origen de las Especies, Darwin escribió:

“No hay mayor anomalía de la Naturaleza que la de un ave incapaz de volar; a pesar de ello, son varias las que se cuentan en ese caso.”

Y seguidamente daba su propia respuesta:

“Debemos pensar que el progenitor del género de los avestruces tuvo costumbres semejantes a las de la avutarda, y que como el tamaño y el peso de su cuerpo se incrementaron durante generaciones sucesivas, empleó cada vez más sus patas y menos sus alas, hasta que llegaron a ser inútiles para el vuelo”

A todos estos órganos o estructuras que no parecían tener una utilidad clara en el organismo que los presentaba se les denominó rudimentarios o vestigiales. Tales estructuras fueron consideradas por los seguidores de Darwin , como ejemplos de evolución regresiva o degeneraciones. Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con esta visión. Hubo quienes interpretaron estos órganos de modo completamente diferente. Así el duque de Argyll , evolucionista-teísta británico, sostenía en 1870 que los órganos vestigiales eran en realidad, estructuras incipientes que se preparaban para ser utilizadas en el futuro y que gradualmente aumentarían de tamaño, hasta que pudieran llegar a ser funcionales. Según tal criterio los ornitólogos llegaron a creer que las aves no voladoras eran muy primitivas y se habían separado pronto del grupo ancestral de las aves, por lo que nunca pasaron por una fase voladora.

Sin embargo, estas ideas no tuvieron aceptación y los evolucionistas se mantuvieron fieles al concepto de regresión propuesto por Darwin.

Actualmente las alas de las aves no voladoras se consideran órganos degenerados que han perdido su utilidad inicial. Algo parecido a esto puede comprobarse también en ciertas aves domesticadas. Las distintas razas de gallinas, patos, gansos y ocas que el hombre ha obtenido por selección artificial evidencian, por comparación con sus congéneres salvajes cierta pérdida de su habilidad para el vuelo. Un pato de corral no vuela como uno salvaje. He aquí una degeneración motivada por la influencia del modo de vida sobre los caracteres heredables. Hasta aquí no hay problemas y todo el mundo parece estar de acuerdo.

Sin embargo, la discrepancia surge en cuanto se afirma que estos cambios degenerativos, constituyen también pruebas de la evolución. ¿Cómo puede la degeneración ser prueba de evolución? Son dos conceptos contradictorios. La idea básica de la teoría evolucionista supone que los seres vivos se han transformado siguiendo la dirección de una complejidad creciente. Se habría progresado desde lo simple a lo complejo. Este planteamiento requiere necesariamente, la aparición de órganos y estructuras nuevas que cada vez irían siendo más sofisticadas y perfectas. Sin embargo, los ejemplos de órganos que parecen estar en regresión, indican todo lo contrario. Degenerar no es evolucionar.

En el mundo animal han sido citados numerosos órganos rudimentarios. Entre los más famosos y que con más frecuencia se mencionan en los libros de evolución, aparte de las aves no voladoras, destacan: la cintura pélvica de ciertas serpientes, así como las cuatro patas de los eslizones; los músculos intercostales de las tortugas; algunos órganos propios de las ballenas y, por supuesto, los ojos en el topo. Analizaremos estas peculiares estructuras anatómicas.

SERPIENTES CON PATAS

Una de las principales características de las serpientes es su ausencia total de patas o extremidades. No obstante, algunas especies como las pitones y las boas, aún conservan vestigios de cintura pélvica y de extremidades posteriores. De Beer lo explica así:

“En serpientes como la pitón, la presencia de diminutos vestigios del esqueleto de la pelvis y de huesos de las extremidades inferiores, englobados en la pared del cuerpo e inútiles para la locomoción, significa que las serpientes evolucionaron de animales con miembros funcionales normales, y que en la pitón todavía no han desaparecido”

(de Beer , 1970)

Es evidente que unos huesecillos englobados bajo la pared del cuerpo han de ser necesariamente inútiles para la locomoción, pero esto no significa que no puedan tener otra finalidad. El doctor Youg , refiriéndose a las pitones y boas dice:

“en estas serpientes pueden verse unas garras en la parte externa y a cada lado de la cloaca que, según parece, desempeñan un cierto papel en el coito”

(Young , 1971, La vida de los vertebrados, Omega, Barcelona)

Estas garras, visibles externamente, son uñas terminales o espolones que forman parte de la antes mencionada “cintura pélvica” que sirven para hacer más eficaz el acoplamiento sexual, de modo que tienen una función claramente definida. No es posible determinar si esta peculiar estructura ósea ha derivado por degeneración de las patas funcionales de un hipotético antecesor o ha sido siempre un espolón con función sexual. Lo que sí podemos afirmar, es que no es un órgano inútil.

MÚSCULOS DE TORTUGA

Se afirma que los músculos intercostales de las tortugas son otro ejemplo de estructura que no tiene ninguna función. Las costillas de estos animales están firmemente cementadas y unidas al caparazón por lo que en los adultos no es posible ningún tipo de movimiento de estos huesos. Sin embargo, los embriones de las tortugas de agua dulce, pertenecientes al género Emys, presentan rudimentos de músculos intercostales en los primeros estadios de su desarrollo. Se dice que estas estructuras vestigiales son evidencias de que las tortugas han evolucionado de otros reptiles que sí podían mover sus costillas gracias a la presencia de estos músculos entre ellos.

Tal razonamiento tiene mucho que ver con la famosa ley biogenética de Haeckel , que ya comentamos en su momento y que supone que ciertas estructuras presentes en el embrión recordarían antiguos estadios evolutivos de sus predecesores. Ante todo conviene plantearse la siguiente cuestión: ¿Por qué los embriones de los galápagos tienen músculos entre las costillas que desaparecen en los adultos?. Sabemos que las costillas son inmóviles en los ejemplares maduros y que por esta razón se ven obligados a respirar mediante la contracción de los músculos abdominales que funcionan como el diafragma de los mamíferos y por medio de movimientos de bombeo de la faringe. Como estas tortugas son acuáticas, pueden respirar también llenando de agua unos sacos especiales que poseen.

No obstante, podemos preguntarnos, ¿cómo respiran sus embriones cuando están protegidos por la cáscara del huevo? Es aquí donde descubrimos la función de los músculos intercostales, en esta fase del desarrollo embrionario. La mayor parte del esqueleto de los embriones está formado al principio por cartílago. El hueso tiene la consistencia dura y rígida, pero el tejido cartilaginoso posee cierta elasticidad (un ejemplo serían los pabellones de nuestras orejas). Si las costillas embrionarias son cartilaginosas, pueden lógicamente presentar cierta movilidad, lo que explicaría la existencia de músculos entre ellas. Es precisamente en tal periodo cuando esos músculos son útiles para mover costillas elásticas. Cuando, posteriormente, el cartílago se transforma en inmóvil, todo el esqueleto del embrión se vuelve rígido y los músculos intercostales desaparecen completamente.

BALLENAS MISTERIOSAS

Los grandes mamíferos cetáceos, habituales de todos los océanos, nos han provisto también ciertos ejemplos de órganos vestigiales. Tres de los más famosos son los huesos de la pelvis, algunos pelos enormes y ciertos dientes embrionarios. Se afirma que los huesos pélvicos aislados en el vientre de las ballenas y de los cetáceos son órganos inútiles que demuestran su descendencia evolutiva a partir de mamíferos terrestres con cuatro patas. Lo primero que es necesario cuestionar es la idea de que se trata de estructuras inútiles. Es evidente que no les sirven para desplazarse, pero los mismos zoólogos evolucionistas, como el profesor Yung , les adjudican la función de inserción a los cuerpos cavernosos del pene. Es precisamente por esto por lo que se le ha comparado al isquión de los mamíferos.

Lo mismo ocurre con ciertos folículos pilosos (pelos) que algunas ballenas, como las yubartas presentan alrededor de la nariz. Al suponer que estos animales descienden de peludos mamíferos terrestres, se dice que perdieron el pelo puesto que la función de éste era retener el calor corporal, y que ahora esa misión ha sido sustituida por la enorme capa de grasa que poseen, por lo tanto los restos vestigiales de aquel antiguo pelaje, serían la veintena de folículos que hoy poseen ciertos cetáceos. Es evidente que veinte pelos no pueden servir para calentar a un animal de su tamaño. ¿Se les puede encontrar alguna otra utilidad?

En realidad no se trata de simples pelos sino de prominencias foliculares que encierran en su interior un par de rígidas y gruesas cerdas sensoriales. Hay muchos mamíferos terrestres que poseen también pelos especiales en el hocico. Son los llamados bigotes, o vibrisas, caracterizadas por su extraordinaria sensibilidad debida a las abundantes terminaciones nerviosas que tienen en su raíz. Los animales nocturnos los tienen más desarrollados que los diurnos. Los grandes bigotes de las focas y demás carnívoros pinnípedos, les sirven entre otras cosas, para detectar cambios de presión en el agua. La biología y los estudios sobre el comportamiento de las ballenas, no han progresado tanto como en otros animales, debido a las dificultades de localización y seguimiento. Sin embargo, se sabe que poseen sentidos que hasta hace relativamente poco tiempo, ni siquiera se sospechaba su existencia. Algunos todavía no están bien comprendidos.

Estos gigantes del mar poseen por ejemplo, el sentido magnético; pueden orientarse en la oscuridad del abismo oceánico siguiendo las líneas de fuerza del campo magnético terrestre. De este modo consiguen viajar desde el ecuador hasta los polos. Si alguna vez tal sentido les falla, por ciertas perturbaciones magnéticas provocadas por metales de rocas volcánicas existentes en el fondo del mar, hacen que grupos enteros de estos animales embarranquen en las playas. También son capaces de localizar objetos mediante el sonar. El sonido y la audición, son elementos que tienen muy desarrollados. Son famosos los “cantos” de las ballenas, que pueden alcanzar bajo las aguas, cientos de kilómetros. Sabemos bastante sobre esto, pero es mucho lo que nos queda todavía por descubrir. Es muy probable que el estudio de las células sensoriales de las ballenas demuestre una utilidad específica comparable a la que poseen otros mamíferos acuáticos.

Por otro lado, la idea de que delfines y ballenas hayan perdido el pelo que supuestamente tuvieron, no deja de sorprender cuando se observa a los pinnípedos actuales, es decir, focas, morsas y leones marinos; todos estos son mamíferos perfectamente adaptados al mar y sin embargo, siguen teniendo el cuerpo cubierto de pelo, y desde luego no muestran evidencias de que éste les estorbe o se halle en regresión. Todos estos animales están tan perfectamente adaptados al medio marino que la mayor parte de sus vidas las pasan en el agua, sólo van a tierra durante cortos periodos de la reproducción. Aunque el apareamiento tiene lugar en el agua, el parto y el amamantamiento de las crías se realiza en tierra firme. Son capaces de recorrer largas distancias en sus migraciones hacia los apartados lugares de cría. Durante sus inmersiones pueden descender a más de cien metros de profundidad, y permanecer alrededor de media hora sin respirar. Para conseguir estas increíbles apneas, reducen el ritmo de su corazón, pasan de 120 a tan sólo 4 latidos por minuto.

Pues bien, después de todo esto, podemos preguntarnos: ¿Por qué un mismo ambiente favoreció la desaparición del pelo en los cetáceos y no en las focas y otros animales afines? Lo único que verdaderamente puede afirmarse es que las pocas cerdas sensoriales de ciertas ballenas actuales, se parecen a los pelos típicos de los mamíferos. Deducir, de este hecho, que ambas especies han evolucionado de antepasados con la piel cubierta de pelo es una hipótesis indemostrable.

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer