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Un diseño cósmico, un diseñador único

Jonathan Sarfati, Doctor en Química

La enorme uniformidad que observamos en el mundo vivo es extraordinaria. Esa uniformidad armoniza perfectamente con un aspecto particular del Diseño Inteligente: la Teoría de Mensajes Bióticos, propuesta por Walter ReMine.1 Es decir, la evidencia de la naturaleza señala a un único diseñador, mientras que el patrón observado en ella impide cualquier explicación evolutiva. Además, en la mayoría de las sociedades de todo el mundo, este patrón común sería motivo para honrar al Diseñador, e indicaría también que Diseñador posee autoridad sus diseños.2

La uniformidad del universo

Esta uniformidad es todavía más notable en las partículas subatómicas, por ejemplo, todos los electrones en el universo tienen exactamente la misma masa y carga, y exactamente la carga opuesta a los protones. El universo en su conjunto también presenta una uniformidad de temperatura, como lo demuestra la radiación del Fondo Cósmico de Microondas, con una precisión de 1 parte en 100.000.3 Este es un problema para los evolucionistas, porque para obtener una temperatura uniforme tras la extrema disparidad de temperaturas provocada por la hipotética gran explosión, la energía tuvo que transferirse de las zonas calientes a las zonas frías. Lo más rápido que esto puede ocurrir, naturalmente, es a la velocidad de la luz, pero incluso teniendo en cuenta la edad evolutiva del universo, la luz sólo podría haber recorrido una décima parte de la distancia necesaria para equilibrar la temperatura. Por lo tanto, la cuestión del tiempo necesario para que la luz complete el recorrido es un problema para quienes creen en el Big Bang.4

En cosmología este problema se denomina «problema del horizonte», y para poder resolverlo se han ingeniado toda serie de evasivas matemáticas tales como «una inflación» o afirmaciones de que la luz viajaba más rápido en el pasado. Pero las observaciones que muestran uniformidad en todo el cosmos apuntan a un único creador del espacio y del tiempo (Colosenses 1:17).

Además, las leyes físicas y las constantes parecen estar calibradas de forma exquisita y exclusiva para permitir la existencia no sólo de las estrellas, los planetas y las galaxias existentes, sino también nuestra propia existencia.5 Algunos lo han denominado «el factor Ricitos de Oro», porque todo es asombrosamente «perfecto». Lo mismo ocurre con las características de la Tierra y el sistema solar, las cuales también armonizan con un único diseñador. El ex ateo Sir Fred Hoyle (1915-2001) declaró:

«¿No te dirías a ti mismo que algún super genio debe haber diseñado las propiedades del átomo de carbono, pues de lo contrario las probabilidades de que las fuerzas ciegas de la naturaleza lo encontraran serían extremamente reducidas? Por supuesto que lo harías... una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un super genio ha calibrado la física, así como con la química y la biología, y que en la naturaleza no hay fuerzas ciegas verdaderamente merecedoras de tal nombre. Las cifras que se calculan a partir de los hechos me parecen tan contundentes como para cosiderar esta conclusión, más alla de toda duda».7

Para el universo en su conjunto:

• La constante de acoplamiento electromagnético mantiene unidos a los protones y a los electrones del átomo. Si fuese menor el átomo debería contener menos electrones. Si fuese mayor, los electrones estarían unidos con demasiada fuerza como para permitir al átomo unirse con otros átomos, de modo que las moléculas como el agua no se formarían.

• La proporción de las masas del electrón y el protón (1:1836). Una vez más, si esta proporción fuese más grande o más pequeña, no podrían formarse moléculas.

• Los núcleos del carbono y del oxígeno tienen unos niveles de energía calibrados con exactitud.

• Las fuerzas electromagnéticas y gravitacionales están bien calibradas para que el tipo adecuado de estrella puede ser estable.

Nuestro sol es una estrella "excepcional" por muchas razones:7,8

• Masa correcta. Si fuera más grande, su brillo cambiaría demasiado rápido y emitiría una radiación de energía demasiado alta. Si fuera más pequeño, la distancia planetaria estaría tan cerca de la estrella que las fuerzas de la marea interrumpirían el período de rotación del planeta.

• Órbita correcta. El Sol está en un lugar especial en la galaxia: el radio de co-rotación. Únicamente en el radio de co-rotación la velocidad orbital de una estrella es igual a la de los brazos de la espiral, si no fuera así el Sol cruzaría los brazos demasiado a menudo y estaría expuesto a las supernovas. Su órbita es bastante circular, como consecuencia de ello nunca se acercará demasiado al interior de la galaxia donde son muy frecuentes las supernovas, explosiones de estrellas cargadas de energía. También orbita casi paralelamente al plano galáctico, si no fuera así, el cruze de este plano sería muy perjudicial.

La Tierra posee una serie de características especiales:

• La distancia de la Tierra al sol es fundamental para un ciclo de agua estable. Si estuviera más lejos la mayoría del agua se congelaría y si estuviera demasiado cerca la mayoría del agua herviría.

• La gravedad de la Tierra, la inclinación del eje, el período de rotación, el campo magnético, el espesor de la corteza, la proporción de oxígeno/nitrógeno, el dióxido de carbono, el vapor de agua y los niveles de ozono son perfectos para crear un medio ambiente habitable.

• La formación de la Tierra en los escenarios evolutivos requiere condiciones tan raras que el astrónomo Thomas Clarke, de la Universidad de Florida Central en Orlando recientemente hizo una admisión sorprendente: «Es un poco deprimente pensar que planetas como la Tierra son muy especiales».9

Objeción 1: Principio Antrópico

Una respuesta común al aparente diseño del universo es el llamado «principio antrópico» (del griego anthropos = hombre). Esta objeción básicamente, postula que la razón por la que el universo parece estar diseñado para nosotros es que si no fuera así no estaríamos aquí para llegar a esa conclusión! Esto puede parecer profundo, pero en realidad no es ninguna explicación en absoluto. Como el filósofo cristiano y apologista William Lane Craig dijo:

«Si usted fuera arrastrado ante un pelotón de fusilamiento, y los soldados dispararan y fallaran: Es cierto que no debería usted estar sorprendido al observar que no está muerto, pero es igualmente cierto que debería estar sorprendido al observar que está vivo. Si le preguntaran, `¿Cómo ha sobrevivido usted?´, sería incorrecto responder `Si no hubiera sobrevivido, no estaría aquí para contarlo´».10

Objeción 2: Los Multiversos

En las ocasiones en las que los antiteístas han tratado de ofrecer una explicación, a menudo su respuesta es parecida a esta; «Sí, es muy poco probable que un universo tenga estas propiedades. Pero si hay o hubieran habido muchos otros universos, cada uno de ellos con las leyes de la física un poco diferentes entre sí, entonces sería más probable que al menos uno tuviera las propiedades necesarias para la existencia de observadores inteligentes». Según esta teoría, en esta «gran lotería de los universos» sólo aquéllos universos provistos de leyes adecuadas para la vida producirían observadores, creándose asi una especie de «competencia de la selección natural entre los universos.»

Esto es realmente una falacia conocida como Defensa Especial; estos ateos dan una explicación para aceptar el universo, pero ellos mismo no aceptarían usar esta explicación en ningún otro caso. Imaginemos que usted encuentra un patrón de marcas en una playa en el que esté escrito su nombre. Naturalmente, concluiríamos que un ser inteligente lo ha escrito. Esto es más plausible que pensar que el viento y las olas de alguna manera hubieran producido este patrón por casualidad, a pesar de que existe una probabilidad muy pequeña pero real de que ocurra.

Sin embargo, según el razonamiento del multiverso, hay un número infinito de universos paralelos que contienen todos los estados cuánticos posibles, 'En el espacio infinito, incluso los acontecimientos más improbables deben tener lugar en alguna parte.11

Asi que si una persona tiene un convencimiento a priori de que nadie podría haber escrito su nombre, podría alegar que acabamos de convertirnos en una de las pequeñas fracciones de los universos donde este patrón de erosión improbable surgió de forma natural.

Si esto parece totalmente irrazonable, entonces por la misma lógica, también la preferencia que tienen los ateos por creer en un número infinito de universos en lugar de un Creador.12

De hecho, hay muchas otras posibilidades inquietantes que deberían suceder en un escenario de multiverso infinito. Dado que existe una posibilidad infinitesimalmente pequeña de que la materia pueda organizarse de manera espontánea en cualquier cosa, entonces lógicamente debe existir un extraño universo con un cerebro en una cubeta que contenga este pensamiento verdadero: «Yo soy un cerebro generado espontáneamente en un universo que aparte de mí está muerto». Otro universo puede tener un cerebro que ha generado espontáneamente la siguiente idea falsa: «Soy un ser humano real con recuerdos e historia», cuando en la realidad en ese universo no es más que un cerebro solitario con falsos recuerdos que tiene la falsa impresión de que ha leído historia.

Pero sin embargo quienes postulan un escenario de multiverso infinito no tienen forma alguna de descartar la posibilidad de que ellos mismos son un cerebro solitario con ilusiones.

Esto significa que la hipótesis multiverso infinito implica que no podemos estar seguros de nuestra propia realidad. Si bien pretende ser una teoría científica, implica que la ciencia misma puede ser una gran ilusión. Esta es una reducción al absurdo de esta teoría.13

Referencias : 
  1. ReMine, W.J., The Biotic Message: Evolution Versus Message Theory, Saint Paul Science, Saint Paul, Minnesota, USA, 1993; see review: Batten, D., J. Creation 11(3):292–298, 1997; .
  2. Holding, J.P., ‘Not to Be Used Again’: Homologous Structures and the Presumption of Originality as a Critical Value, J. Creation 21(1):13 –14, 2007; .
  3. Peebles, P.J.E., Principles of Physical Cosmology, Princeton University Press, 1993; p. 404.
  4. Lisle, J., Light travel-time: a problem for the big bang, Creation 25(4):48–49, 2003; com/lighttravel>.
  5. A comprehensive study of the fine-tuning of universe is the book by J. Barrow and F. Tipler, The Anthropic
    Cosmological Principle, 1986.
  6. Hoyle, F., The Universe: Past and Present Reflections, Engineering and Science, pp. 8–12, November 1981.
  7. Chown, M., What a star! New Scientist 162(2192):17, 1999.
  8. Sarfati, J., The sun: our special star, Creation 22(1):27–31, 1999; .
  9. Earth was a freak, New Scientist 177(2388):24, 2003. The standard evolutionary model has the earth formed by accretion of small fragments that collided and melted together. But in reality, they would bounce off each other rather than melt. So Clarke proposes the ‘speculative’ idea of the ‘remote’ possibility of a supernova explosion within 50 light years from Earth that supplied the nebula with radioactive aluminium-26, which would decay and provide the necessary heat. See Sarfati, J., Earth is ‘too special’? Creation 28(3):42–44, 2006; .
  10. Barrow and Tipler, Ref. 5, use this objection to evade the implications of a Designer. However, Christian philosopher and apologist William Lane Craig points out the fallacy in ‘Barrow and Tipler on the Anthropic Principle vs. Divine Design’, Brit. J. Phil. Sci. 38:389–95, 1988. Once this fallacy is removed, the book becomes a compendium of data of modern science which point to design in nature inexplicable in natural terms and therefore pointing to a Divine Designer. However, some of the alleged design features presuppose a big bang, so are not considered here.
  11. Tegmark, M., Parallel universes: Not just a staple of science fiction, other universes are a direct implication of cosmological observations, Scientific American 288:30–41, May 2003. Of course, there is no actual observation of these other universes, just observation of fine-tuning in ours that is explained away by multiverses.
  12. Sarfati, J, Refuting Compromise, ch. 5, Master Books, Green Forest, AR, 2004.
  13. Behe, M., The Edge of Evolution: The search for the limits of Darwinism, pp. 224–227, Free Press, NY,
    2007.
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