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¿Creación o Evolución?

Duane Gish, Doctor en Bioquímica

Introducción

Sometemos a crítica la teoría de que todos los seres vivientes han surgido gracias a un proceso evolutivo natural, mecanicista, a partir de una sola forma de vida, que a su vez surgió por un proceso similar a partir del mundo inorgánico, carente de vida.

Esta hipótesis evolutiva general se presenta comúnmente en los libros de texto y de divulgación como un hecho establecido de la ciencia.

En dichos textos se presenta la evidencia existente en apoyo de este concepto del origen y desarrollo de la vida, y con frecuencia se afirma que todos los biólogos competentes aceptan la teoría de la evolución.

Aunque es cierto que la mayor parte de los biólogos aceptan el evolucionismo como un hecho, también es cierto que una gran mayoría de ellos lo ha aceptado sin un verdadero examen de la cuestión, siguiendo acríticamente la filosofía impuesta en la actualidad sobre esta disciplina y sobre todo el contexto cultural y académico.

Por otra parte, existe una significativa minoría de biólogos competentes, y de especialistas en otros campos, que no aceptan esta teoría como la mejor interpretación de los datos conocidos. Uno de los que se puede citar a modo de ejemplo es el doctor W. R. Thompson (ver American Men of Science o Canadian Men of Science), cuyas credenciales como biólogo competente no precisan de defensa alguna. Sus objeciones a la tesis evolucionista se pueden encontrar en su introducción a la edición de 1956 de El Origen de las Especies de Charles Darwin, titulada «Una crítica a la evolución».1

En 1963, un grupo de científicos constituyó la Creation Research Society [Sociedad para la Investigación de la Creación].2 Esta organización, en constante crecimiento, incluye en la actualidad a más de 600 miembros de pleno derecho, todos los cuales deben estar en posesión de una licenciatura o de un doctorado en algún área de la ciencia. Ninguno de ellos acepta la teoría evolucionista.

El público no recibe una información veraz

Existe en la actualidad un considerable cuerpo de evidencia rigurosamente científica que contradice la teoría de la evolución, y una parte de ella parece indiscutiblemente incompatible con el evolucionismo. La importancia de la naturaleza de esta evidencia nunca es señalada en los libros de texto de nuestros sistemas de enseñanza pública y superior.

De hecho, raras son las ocasiones en que se presenta esta evidencia, por no decir que nunca. Como resultado, los estudiantes de biología quedan expuestos a toda la evidencia que se puede aducir en favor de esta teoría, pero no se les hace sabedores de lo endebles que son estas evidencias, ni de aquellas otras evidencias que en realidad contradicen la teoría.

Por ello, se debe reconocer que un proceso educativo de este tipo equivale a un adoctrinamiento en una visión particular del mundo, en una filosofía basada en el concepto de que el origen del universo, el origen y la diversidad de la vida, y, de hecho, la totalidad de la realidad, deben recibir su explicación sólo en términos de leyes de física y de química. La sola posibilidad de un Creador o de la existencia de un Ser Sobrenatural trascendente es excluida ya de principio.

En palabras del astrofísico Carl F. von Weizsäcker :

No es por sus conclusiones, sino por su punto de partida metodológico por lo que la ciencia moderna excluye la creación directa. Nuestra metodología no sería honesta si negase este hecho. No poseemos pruebas positivas del origen de la vida ni de la primitiva ascendencia del hombre, tal vez ni siquiera de la evolución misma, si queremos ser pedantes.»3

...

Todavía no entendemos demasiado bien las causas de la evolución, pero tenemos muy pocas dudas en cuanto al hecho de la evolución;... ¿Cuáles son las razones para esta creencia general? En la última lección las formulé negativamente; no sabemos cómo podría la vida, en su forma actual, haber venido a la existencia por otro camino. Esta formulación deja silenciosamente a un lado cualquier posible origen sobrenatural de la vida; así es la fe en la ciencia de nuestro tiempo, que todos compartimos.4

Estamos convencidos de que la razón por la cual se acepta en la actualidad el evolucionismo de una manera tan mayoritaria es que nuestros científicos y profesores de biología son producto de un sistema educativo dominado por esta filosofía naturalista y mecanicista.

La flecha del tiempo

El concepto evolucionista viola dos de los principios más fundamentales de la naturaleza: El Primer y el Segundo Principio de la Termodinámica.

El Primer Principio afirma que la suma total de materia y energía permanece constante, sin importar los cambios que se puedan efectuar. Nada en la actualidad se está creando o aniquilando, aunque sí están teniendo lugar transformaciones de muchas clases.

El Segundo Principio afirma que cada cambio que tiene lugar de manera natural y espontánea tiende a pasar de un estado de mayor orden, información o energía a un estado de menor orden, información o energía, de lo organizado a lo desorganizado. La cantidad total de degradación en el universo (que se mide por unidades de entropía) está aumentando constante e inevitablemente.

Cualquier incremento de orden y complejidad sólo puede ser local, temporal y dirigido;5 pero el evolucionismo demanda un incremento general de orden extendiéndose a lo largo del tiempo geológico.

En contra de la tesis evolucionista, los aminoácidos no se combinan espontáneamente para formar proteínas; en cambio, las proteínas se disgregan espontáneamente en sus aminoácidos constituyentes, y éstos se descomponen lentamente en compuestos químicos más simples.

Con un control cuidadoso de los reactivos, del aporte de energía y mediante la oportuna extracción de los productos de reacción de la zona energizada (tal como se hace en los actuales experimentos del «Origen de la Vida»), se pueden sintetizar aminoácidos a partir de gases, y proteínas en base de aminoácidos. Pero los procesos utilizados nunca hubieran podido existir en ninguna condición realista de una tierra primitiva.

Este hecho ha sido demostrado de una manera adecuada por Hull, que llega a la conclusión de que

«El fisicoquímico, guiado por los principios demostrados de la Termodinámica y de la Cinética Química, no puede ofrecer ningún estímulo al bioquímico, el cual necesita un océano lleno de compuestos orgánicos para formar siquiera coacervados carentes de vida.»6

Hull se estaba refiriendo aquí a especulaciones acerca del origen de la vida. Ya que a semejanza de un reloj en marcha, el universo está gastando la cuerda, es evidente que no ha existido eternamente. Pero, en base del Primer Principio, la suma total de materia y energía es siempre constante. Por ello mismo, no podemos explicar, sobre una base meramente material, el origen de la materia y de la energía de que se compone este universo.

El continuo evolutivo, la cadena que se extiende desde el cosmos hasta el hombre, es un concepto creativo y progresivo, mientras que el Primer y Segundo Principio de la Termodinámica declaran que los procesos naturales conocidos son conservadores en lo cuantitativo, y degenerativos en lo cualitativo.

En todo caso, y sin ninguna excepción, cada vez que estos principios han sido sometidos a prueba han sido hallados válidos. Así, los proponentes del evolucionismo rechazan lo observable a fin de poder aceptar lo no observable, el origen evolutivo de la vida y de la diversidad y multiplicidad de los tipos de formas de vida.

La imposibilidad matemática

Se pretende que este supuesto proceso evolutivo tuvo lugar mediante cambios mutativos graduales y aleatorios. Este concepto básico de la moderna teoría evolucionista está bajo el ataque de algunos de los mismos evolucionistas.

Salisbury7 ha puesto recientemente este concepto en tela de juicio, y también varios matemáticos lo están atacando.

En un Simposio que tuvo lugar en 1966 en el afamado Instituto Wistar de Philadephia, los matemáticos y los biólogos presentaron perspectivas opuestas.8

Uno de los matemáticos participantes, el doctor Murray Eden, afirmó que

«Nuestra postura es que si a "aleatorio" se le da una interpretación seria y crucial a partir de un punto de vista probabilístico, el postulado del azar es sumamente inadmisible, y que una teoría adecuada de evolución debe esperar al descubrimiento de nuevas leyes naturales —físicas, fisicoquímicas y biológicas.»9

La postura de Salisbury y de esos matemáticos es que el incremento en complejidad, en progreso y en contenido informático, que se supone tuvo lugar por evolución por medio de cambios «al azar», exigiría un lapso de tiempo billones de veces mayor al de solamente tres mil millones de años.

De esta manera, se supone que las mutaciones casuales y la selección natural hubieran sido el mecanismo responsable de la evolución, que se presenta como un proceso creativo y progresivo. Pero la Selección Natural no es creadora, ya que no puede dar origen a nada nuevo. Como máximo, sería una fuerza conservadora que eliminaría a los no aptos.10

En los sistemas ordenados, los cambios mutativos al azar constituyen un proceso de desorden, y por ello mismo se trata de un proceso de degeneración, no progresivo. Lentamente, los evolucionistas se están dando cuenta de ello.

El registro fósil

Que la evolución haya tenido realmente lugar o no es algo que sólo puede quedar determinado por un examen del registro histórico, esto es, del registro fósil. ¿Cuál es el tipo de evidencia que daría su respaldo al modelo evolucionista?

El doctor Thompson afirma:

Si encontrásemos en los estratos geológicos una serie de fósiles exhibiendo una transición gradual desde las formas más sencillas hasta las formas más complejas, y si pudiésemos estar seguros de que se corresponden con una verdadera secuencia temporal, entonces nos sentiríamos inclinados a creer que la evolución darwinista tuvo lugar, incluso aunque su mecanismo permaneciese desconocido.»11

Si los invertebrados dieron origen a los vertebrados, los peces a los anfibios, los anfibios a los reptiles, los reptiles a las aves y a los mamíferos —precisando cada una de estas transformaciones de millones de años, e involucrando numerosas formas de transición— entonces el registro fósil debería exhibir una buena cantidad de estos tipos de transición. Thompson prosigue diciendo:

Desde luego, eso es lo que Darwin hubiese querido documentar, pero, naturalmente, le fue imposible. Lo que los datos disponibles indicaban era una notable ausencia de las muchas formas de transición que requiere la teoría, la ausencia de tipos primitivos que hubieran debido existir en los estratos supuestamente más primitivos, y la aparición repentina de los principales grupos de clasificación.

Algo más adelante afirma:

... Y puedo señalar que en la actualidad la situación no es notablemente diferente. Los modernos paleontólogos darwinistas se ven obligados, exactamente lo mismo que sus predecesores y que el mismo Darwin, a diluir los hechos con hipótesis subsidiarias que, por muy plausibles que puedan parecer, entran dentro del terreno de lo inverificable.»11

En los estratos geológicos del Cámbrico tenemos una aparición explosiva de fósiles de animales que presentan un elevado nivel de complejidad. En las rocas cámbricas se hallan miles de fósiles de animales tan complejos que los evolucionistas estiman que se hubiese precisado de mil quinientos millones de años para que evolucionasen. Trilobites, braquiópodos, esponjas, corales, de hecho todas las principales divisiones de vida invertebrada, se hallan en el Cámbrico.

Los recientes hallazgos del Precámbrico

Hasta recientemente, se consideraba que el Precámbrico estaba vacío de formas de vida. Pero en la actualidad se conoce, en estratos atribuidos al Precámbrico reciente, un conjunto de formas fósiles conocido como «la Fauna Ediacarana».

Algunas de estas son similares a las del Cámbrico. Otras eran desconocidas. Pero un estudio detenido de las mismas ha llevado a expertos como S. J. Gould a la conclusión de que esas formas no pueden ser en modo alguno ancestrales de los grupos de fauna del Cámbrico. Se puede decir, sin temer a contradicción alguna, que los antepasados evolutivos de la fauna del Cámbrico o del Precámbrico reciente no han sido hallados.

Con anterioridad a este descubrimiento, Axelrod, geólogo evolucionista, señalaba:

Uno de los principales problemas sin resolver en geología y evolución es la presencia de invertebrados multicelulares diversificados en las rocas del Cámbrico inferior y su ausencia en rocas de mayor edad. Estos fósiles del Cámbrico primitivo incluían poríferos, celenterados, braquiópodos, moluscos, equinoides y artrópodos. Su elevado grado de organización indica claramente que un largo período de evolución precedió a su aparición en el registro. No obstante, cuando nos ponemos a examinar las rocas del Precámbrico con el fin de buscar los predecesores de estos fósiles del Cámbrico inferior, no se hallan por ninguna parte. Se sabe en la actualidad que muchas secciones de rocas sedimentarias (de hasta 1.700 metros) yacen en secuencia ininterrumpida por debajo de estratos que contienen los fósiles más tempranos del Cámbrico. Evidentemente, estos sedimentos eran apropiados para la preservación de los fósiles, pues a menudo son idénticos a las rocas fosilíferas que yacen sobre ellos, pero, con todo, en ellas no se encuentran fósiles.12

También George Gaylord Simpson, un paleontólogo muy afamado y líder evolucionista, dijo que la ausencia de fósiles en el Precámbrico constituye

«el mayor misterio de la historia de la vida.»13

Podemos decir ahora que el descubrimiento de las formas de la Fauna Ediacarana en Australia sólo añade a las múltiples formas de vida que sabemos que existieron en el pasado, pero las formas intermedias permanecen tan esquivas como siempre.

Esta gran aparición explosiva de una multitud de variedades de vida sumamente complejas y especializadas, tanto en la formación Ediacarana del Precámbrico superior como en el Cámbrico, es enormemente contradictoria por lo que respecta a la teoría evolucionista, pero es exactamente lo que sería de esperar en base de una creación específica.

El registro fósil debería exhibir miles de formas de transición. En lugar de ello, lo que hallamos es que hay una ausencia regular y sistemática de formas de transición entre las principales categorías de clasificación. Los principales tipos de invertebrados que se hallan en el Precámbrico son tan distintos entre sí como lo son en la actualidad, y el registro fósil no nos da ningún indicio de que ninguno de estos tipos principales haya derivado de ningún antecesor común.

El origen de los vertebrados

Se supone que los vertebrados evolucionaron a partir de un invertebrado. Sin embargo, se trata de una suposición que no se puede documentar en base del registro fósil. Existe una inmensa discontinuidad entre los invertebrados y los vertebrados, no cubierta por forma alguna de transición. El primer vertebrado, un pez de la clase Agnatha, es un vertebrado al cien por cien. De su posible origen evolutivo nos dice Ommaney:

Desconocemos cómo evolucionó este primer cordado, cuáles fueron las etapas que recorrió en su desarrollo hasta dar finalmente verdaderos peces tal como ahora los conocemos. Entre el período Cámbrico, en que probablemente apareció, y el Ordovicio, en el que se encuentran los primeros fósiles con características de pez, existe un vacío de unos 100 millones de años que probablemente nunca podremos llenar.»14

El origen de los anfibios

Se supone que los peces dieron origen a los anfibios a lo largo de un período de millones de años, durante cuyo tiempo las aletas de los hipotéticos antecesores fueron cambiando gradualmente para dar lugar a los pies y piernas de los anfibios. Pero no se ha descubierto ni un solo fósil que muestre una aleta parcial ni un pie parcial.

Los anfibios vivientes incluyen tres tipos: las salamandras y lagartijas acuáticas, generalmente de patas y cola extendidas; las ranas y los sapos, que figuran entre los más especializados de todos los vertebrados terrestres, carentes de cola y con patas traseras muy largas; y los Apodos, criaturas gusanoides sin rastro de extremidades.

No se hallan formas de transición entre estos distintos seres vivientes, ni entre ellos y los anfibios fósiles.15

El origen de las aves

Se afirma que las aves evolucionaron a partir de los reptiles. Pero nadie ha encontrado todavía ni un solo reptil que posea algo como en parte ala y en parte extremidad locomotora, ni nada que sea en parte pluma y en parte escama.

Por lo que se refiere al Archæopteryx, que hasta ahora era considerado como «el ave más antigua» porque tenía dientes y poseía también unos ejes garróideos prensiles en los bordes delanteros de las alas, y vértebras que se extendían formando una cola, entre otras características, lo cierto es que presentaba toda una multitud de incógnitas a los investigadores, lo que la convertía más en un problema que en una prueba de evolución.

En efecto, por una parte se había hecho el descubrimiento de formas fosilizadas de aves de morfología «moderna» en un horizonte estratigráfico evolutivamente datado como más antiguo que la formación en la que se encontró el Archæopteryx.16 Por otra parte, debido a su plumaje, que en un examen detenido del fósil del Archæopteryx presentaba características de ave voladora potente,17 llegó a considerarse, por parte de ciertos paleontólogos evolucionistas, que se trataba de un ser irrelevante. En palabras de los eminentes paleontólogos evolucionistas Stephen J. Gould y Niles Eldredge,

«Mosaicos curiosos como el Archæopteryx no cuentan.»18

¿Falsificación de la evidencia?

Pero sus características peculiares pueden ser falsas, pues desde hace ya un cierto tiempo que hay alegaciones de que el Archæopteryx es un fósil falso, manipulado; o sea, un fraude. Esta denuncia surgió ya en 1979, cuando el doctor Spetner, un físico, pudo examinar el fósil de Berlín. Observó que las alas habían sido añadidas. Después se efectuaron pruebas con el fósil de Londres, empleando además técnicas fotográficas, y en 1985 se emitió un informe, a cargo de dos eminentes científicos, los doctores Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, de Londres, en la revista British Journal of Photography.19

Posteriormente, en 1988, estos científicos publicaron un libro sobre esta misma cuestión,20 en el que muestran, con excelente documentación fotográfica, que las alas fueron pegadas al esqueleto. Aparecen impresiones dobles de la misma pluma sobre la zona de las alas (la cual es distinta de la matriz rocosa donde se encuentran los huesos del fósil). Además, las dos secciones de la losa no concuerdan (el molde y el vaciado). Se documenta, asimismo, que el fósil fue manipulado deliberadamente en el Museo Británico de Historia Natural para que pareciese más genuino. Así, el célebre Archæopteryx resultaría no ser nada más que un Camposagnathus «disfrazado», cuyo lugar se encontraría entre el fraudulento «hombre de Piltdown» de Dawson, la Monera de Hæckel, y el dibujo falseado del desarrollo de los embriones, también de Hæckel.

La realidad es que el Archæopteryx era presentado (¡y hasta ahora sigue siéndolo!) al público como una forma de transición a falta de algo mejor. Marshall había dicho, con anterioridad a este descubrimiento:

El origen de las aves es mayormente asunto de deducción. No hay ningún fósil de las etapas a través de las que se consiguió el notable cambio de reptil a ave.21

El origen del vuelo

De hecho, se supone que la capacidad de volar surgió por evolución en cuatro ocasiones de forma independiente: en las aves, en los reptiles voladores (pterosaurios) actualmente extintos, en los insectos y en los mamíferos (los quirópteros). En ninguno de estos casos se encuentran formas fósiles que documenten la transición hacia el vuelo. El doctor E. C. Olson, geólogo evolucionista, ha afirmado que

«por lo que respecta al vuelo, aparecen algunas discontinuidades muy grandes en el registro fósil.»22

En cuanto a los insectos, dice Olson:

«Prácticamente, no hay nada que nos dé ninguna información sobre la historia del origen del vuelo en los insectos.»

Por lo que se refiere a los pterosaurios, Olson afirma:

«... no existe absolutamente ninguna señal de formas intermedias.»

Después de referirse al Archæopteryx como «reptiloide», Olson dice:

«es evidente que es un ave»

(valorando las características totalmente avianas del fósil, desconociendo entonces su falsedad). Finalmente, y refiriéndose a los mamíferos, Olson dice que

«la primera evidencia de vuelo en mamíferos es la de los murciélagos plenamente desarrollados del Eoceno».

Nos encontramos así en una situación de lo más chocante. Cuatro veces ha tenido lugar una transición maravillosa:

Unos animales terrestres han adquirido la capacidad del vuelo. Cada una de estas transformaciones ha precisado de millones de años, y ha involucrado miles de formas de transición. Y eso no obstante, ¡no se halla ninguna de ellas en el registro fósil! ¿Podría ser que estas formas de transición no se hallen simplemente debido a que jamás existieron? Toda esta evidencia se puede correlacionar con mucha mayor facilidad dentro de un marco creacionista que dentro de un marco evolucionista.

La norma, no la excepción

Los ejemplos dados hasta ahora no constituyen ninguna excepción, sino que, como se ha afirmado antes, el registro fósil muestra una ausencia sistemática y marcada de tipos de transición entre las categorías taxonómicas más altas. Incluso referente a la famosa «serie del caballo», du Nouy informa:

Pero cada uno de estos intermedios parece haber aparecido "repentinamente", y no ha sido posible, debido a la ausencia de fósiles, reconstruir la transición entre estos intermedios ... la continuidad que nosotros suponemos puede que nunca quede establecida con hechos.23

Conclusión

Creemos que la repentina aparición en el registro fósil de formas de vida muy desarrolladas en vastos números y la repentina aparición de cada uno de los grupos principales de clasificación, sin evidencia de formas de transición entre ellos, indica que en realidad no hubo tal transición de formas más rudimentarias a formas más desarrolladas, sino que cada grupo principal de clasificación fue creado de manera específica, correspondiéndose con el min original hebreo (clase o tipo) que se menciona en el libro de Génesis (generalmente, min se traduce «género» o «especie» en las versiones modernas, pero Reina, en 1569, tradujo «según su naturaleza». Se debería entender en un sentido genérico, no en el sentido taxonómico estricto que en la actualidad reciben estos términos).

En su revelador libro Implications of Evolution [Implicaciones de la Evolución], el profesor G. A. Kerkut, evolucionista, ha afirmado que

«... tenemos la teoría de que todas las formas vivientes en el mundo han surgido a partir de un origen único que provino a su vez del mundo inorgánico. Esta teoría se puede llamar "la Teoría General de la Evolución", y la evidencia que la apoya no es lo suficientemente fuerte como para permitirnos considerarla más que como una hipótesis de trabajo.»24

Creemos que en realidad la creación específica ofrece una mejor explicación de la evidencia científica. La actual actitud de presentar sólo un paradigma de los orígenes, el evolucionista, y lo que es peor, presentarlo como un hecho ya establecido, constituye un lavado de cerebro, un adoctrinamiento selectivo en una filosofía secularista y secularizadora particular.

Referencias : 
  1. W. R. Thompson: Critique of Evolution, introducción a El Origen de las Especies (hay traducción castellana: SEDIN, apartado 2002, Sabadell, España), E. P. Dutton and Co.; New York, 1956.
  2. Dirección: 2717 Cranbrook Rd. Ann Arbor, Michigan 48104, EUA.
  3. Weizsäcker, Carl F. von: La importancia de la Ciencia, Ed. Labor, Nueva Colección Labor n(o) 27, pág. 125.
  4. Referencia n(o) 3, pág. 131.
  5. Para una consideración más extensa de este punto, ver Gish, D. T.: Teorías sobre el Origen de la Vida: Crítica; Elmendorf, R. G. y otros: Creación, Evolución y Termodinámica. Las dos obras publicadas por CLIE, Terrassa, España, 1981.
  6. Hull, D. E.: Nature, 186, 683 (1960). Ver también la referencia anterior, Teorías sobre el Origen de la Vida, etc.
  7. Salisbury, F. B.: The American Biology Teacher, 33, 335 (1971).
  8. Moorehead, P. S., y Kaplan, M. M., editores: Mathematical challenges to the Neo-darwinian interpretation of Evolution. Wistar Institute Press, Philadelphia, Pennsylvania 1967. Ver también Georges Salet, Azar y Certeza, Ed. Alhambra, Colección Exedra n(o) 95, Madrid 1976.
  9. Eden, M.: Ver referencia 8, pág. 109.
  10. Ver la monografía n(o) 1 de la colección Creación y Ciencia, titulada: Creación, Evolución y el registro Fósil (CLIE, Terrassa 1979), apéndice «Sobre Selección Natural».
  11. Thompson, W. R.: Ver referencia n(o) 1. Ver también Escuain, S.: «Las discontinuidades del registro fósil», capítulo 4 de Creación, Evolución y el Registro Fósil, ver referencia n(o) 10.
  12. Axelrod, D. I.: Science, 128, 7 (1958).
  13. Simpson, G. G.: The Meaning of Evolution, Yale University Press, New Haven, 1953, pág. 18.
  14. Ommaney, F. D.: Los Peces, Colección Popular Life, pág. 60.
  15. Romer, A. S.: Vertebrate Paleontology, 3(a) edición, University of Chicago Press, Chicago 1966; pág. 198).
  16. Jensen, J. A.: Science-News (Vol. 112, set. 24, 1977, pág. 198).
  17. Feduccia, A., y Harrison B. Torduff, 1979: «Feathers of Archæopteryx: Assymetric vanes indicate aerodynamic function», Science 203:1021.
  18. Gould, S. J., y N. Eldredge, 1977, Paleobiology 3:147.
  19. Hoyle, F., y C. Wickramasinghe, British Journal of Photography, marzo, 1985. También Trop, M.: «¿Ha habido manipulación en el fósil del Archæopteryx?», en El Archæopteryx: Reconsideración, boletín Creación, No. 3, 1984, Coordinadora Creacionista, Barcelona, pags. 11-13.
  20. Hoyle, F., y C. Wickramasinghe, Archæopteryx, The Primordial Bird (A Case of Fossil Forgery), Christopher Davies, Swansea 1988.
  21. Marshall, A. J.: ed.: Biology and Comparative Physiology of Birds, Academic Press, New York, 1966, pág. 180.
  22. Olson, E. C.: The Evolution of Life, The New American Library; New York, 1966, pág. 180.
  23. Du Nouy, L.: Human Destiny, The New American Library of World Literature, Inc.; New York, 1947, pág. 74.
  24. Kerkut, G. A.: Implications of Evolution, Pergamon Press, New York, 1960, pág. 157.
Agradecimientos: 

© Santiago Escuain 1997

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