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El Origen de las Especies

¿Pudo el ojo realmente evolucionar en un instante geológico?

Vincent J. Torley, Master en Ciencias, Doctor en Filosofía

Se cree comúnmente que el Dr. Dan-Eric Nilsson y la Dra. Susanne Pelger de la Universidad de Lund en Suecia demostraron en un artículo científico escrito en 1994 que un ojo vertebrado plenamente desarrollado se hubiera podido desarrollar a partir de un simple punto sensible a la luz mediante un proceso de selección natural sin guía, en «menos de 364.000 años» Esto, en todo caso, es el mito popular. ¿Cuál es la realidad?

Nilsson y Pelger presentaron ciertamente un alegato convincente en pro del gradualismo en su artículo, pero no consiguieron respaldar la tesis darwinista. Contemplando el ojo desde un punto de vista puramente anatómico, expusieron cómo un ojo vertebrado se podría haber desarrollado desde un área de piel sensible a la luz mediante la acumulación de numerosas y diminutas modificaciones a lo largo del tiempo —en otras palabras, por cambio gradual, o evolución. Pero muy pocas personas se dan cuenta de que Nilsson y Pelger usaron conceptualmente una evolución guiada inteligentemente para transformar su punto plano sensible a la luz en un ojo de tipo cámara con enfoque. Aún más, recientemente, ¡Nilsson —un convencido darwinista—, ha reconocido esto! (Tendré más que decir acerca de esta sorprendente historia, más abajo.) Además, la pretensión de Nilsson y Pelger de que el ojo pudo haber evolucionado en «menos de 364.000 años» resulta ser una estimación hipotética, que (como veremos) se aplica sólo a un paisaje adaptativo diseñado inteligentemente.

Refutada: la evolución por duplicación génica

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Una hipótesis común en círculos evolucionistas es la evolución por duplicación génica. Enuncia que los genes duplicados quedan libres para evolucionar nuevas funciones sin afectar al gen primario. Esta idea ha recibido un duro golpe por un artículo publicado en Complexity.

De hecho, el lugar y la extensión de la selección natural como fuerza para el cambio en biología molecular ha sido objeto de cuestionamientos en años recientes. La detección de la incidencia de cualesquiera sustituciones benéficas en los genes ha recurrido hasta ahora a inferencias estadísticas por cuanto los datos empíricos están disponibles con menor facilidad. En muchos casos se pueden inducir cambios no sinónimos y desplazamientos en la diversidad alélica por factores que pueden servir para imitar efectos selectivos —conversión génica sesgada, puntos calientes de mutaciones y recombinaciones, arrastre por ligamiento o incluso deriva neutra, entre ellos. Además, diversos factores bien conocidos como el ligamiento y la naturaleza multilocus de importantes fenotipos tienden a refrenar la capacidad de la evolución darwinista, y así representan límites naturales al cambio biológico. La selección, que es esencialmente un filtro negativo, tiende a actuar contra la variación incluyendo mutaciones que antes se creían inocuas.

La no evolución de las moscas del vinagre

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

30 septiembre 2010 — Un prolongado experimento que intentaba hacer evolucionar a las moscas del vinagre ha fracasado.

Un equipo de investigación forzó la selección sobre las moscas para explorar los límites de la selección natural. Después de 600 generaciones sólo se consiguieron cambios de menor entidad. El equipo se sintió defraudado y sorprendido; se había dado menos evolución en estos organismos sexuales que en experimentos similares con microbios, como bacterias y levaduras. Y todo esto fue realizado bajo condiciones ideales de laboratorio. El éxito es aún menos probable en el entorno natural.

El resumen del Director acerca de un artículo publicado en Nature se titulaba:

«La evolución experimental revela resistencia al cambio»

Las bacterias — demasiado complejas para ser primitivos antecesores de los eucariontes

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

En la búsqueda de las formas más primitivas de vida sobre la tierra, las bacterias parecerían desde luego buenos candidatos. Son diminutas, unicelulares y tienen pequeños genomas. Entonces, ¿por qué dicen Patrick Forterre y Simonetta Gribaldo del Instituto Pasteur en PNAS1:

«deberíamos de una vez por todas dejar de pensar en las bacterias en términos de organismos “inferiores”»?

Lo dicen por la misma razón por la que Science Daily anunció acerca de un descubrimiento relacionado:

«Las humildes bacterias están resultando ser mucho más complejas de lo que se creía hasta ahora»

De cómo el pulpo construyó su propio cerebro para poder pescar mejor

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

El pulpo se alegró de ver como surgían los peces por evolución, pero encontró que necesitaba un cerebro de mayor tamaño para poder atraparlos, de modo que desarrolló evolutivamente uno de los cerebros más complejos del reino animal.

¿Es esta es la sustancia del reportaje que aparece en el blog Origins de la revista Science? Greg Miller escribe allí, al estilo de un cuento para niños:

Los cefalópodos —pulpos, calamares y sus parientes— dominaban los mares en la era Cámbrica, hace unos 500 millones de años. Pero su mundo cambió en gran manera con la Explosión Cámbrica, una rápida diversificación de la vida en la Tierra que incluyó el origen de los peces. Repentinamente, los cefalópodos se encontraron con nuevas oportunidades —¡unos deliciosos peces!— y con sus primeros competidores serios y potenciales predadores. Tuvieron que hacerse listos a toda prisa.

La Explosión Cámbrica, todavía explosiva

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Dos nuevos artículos acerca de los fósiles del Cámbrico y del Precámbrico no consiguieron ayudar a suavizar el golpe de la explosión del Cámbrico — la repentina aparición de todos los planes corporales de los animales en un abrir y cerrar de ojos geológico.

Esencialmente, replantean el problema que atormentaba a Darwin, que expresó su esperanza de que descubrimientos de fósiles rellenarían los vacíos en los que faltaban las necesarias formas de transición.

En contra de las esperanzas de Darwin, los descubrimientos fósiles posteriores han agravado el «abominable misterio» (en palabras de Darwin) de la explosión Cámbrica.

El Tiktaalik NO es un eslabón perdido

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

4 diciembre 2008 — ¿No han servido para nada las coloridas reconstrucciones del «pezópodo»? Tres biólogos europeos afirman que el famoso fósil Tiktaalik de Neil Shubin, que se suponía era un pez evolucionando hacia un cuadrúpedo terrestre, y que ha adquirido una posición icónica en los medios de comunicación, no es, después de todo, un eslabón perdido.

La situación, explicaban Boisvert et al en una carta a Nature,1 es mucho más compleja. Los que gusten de toda la jerga podrán seguir el razonamiento:

Es difícil decir si esta distribución de rasgos implica que el Tiktaalik es autapomorfo, que el Panderichthys y los tetrápodos son convergentes, o que el Panderichthys está más cerca de los tetrápodos que el Tiktaalik. En cualquier caso, demuestra que la transición pez-tetrápodo fue acompañada de una significativa incongruencia de caracteres en estructuras funcionales importantes.

La Secuencia de los Vertebrados

Phillip Johnson, Doctor en Jurisprudencia

Los darwinistas afirman que los anfibios y los peces modernos descendieron de un pez ancestral; que los reptiles descendieron de un antecesor anfibio; y que las aves y los mamíferos descendieron por separado de antecesores reptiles.

Finalmente, dicen que los seres humanos y los simios modernos tuvieron un antecesor simio común, del que descendieron los humanos modernos a través de intermedios transicionales que han sido identificados de forma positiva. Según Gould, los fósiles en las transiciones reptil a mamífero y simio a hombre proveen una confirmación decisiva del «hecho de la evolución».

Antes de pasar a las pruebas, he de imponer una importante condición que de cierto pondrá muy incómodos a los darwinistas. Esta condición es que la evidencia ha de ser valorada con independencia de cualquier suposición acerca de la veracidad de la teoría que se está sometiendo a ensayo.

Las hormigas, nuevas perplejidades

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Una nueva especie de hormiga subterránea descubierta en Brasil es tan extraña que los biólogos la han clasificado como la única representante de una nueva subfamilia. Este estrambótico ser ha sido designado caprichosamente como Martialis heureka: “la hormiga marciana”. Un artículo acerca de la misma en Nature News decía: “Añade una nueva rama al árbol familiar de las hormigas que se separó de las demás en una época sumamente temprana en la evolución de la familia”. El problema es que no se parece en nada a una avispa, de las que se supone que evolucionaron las hormigas.

Esto ha echado las ideas acerca de la evolución de las hormigas en un cierto desconcierto. Christian Rabeling, el descubridor, encontró que esta hormiga no ajustaba en la taxonomía existente. Los científicos la designan como una especie viuda de una familia hermana que han designado como Martialis. El artículo original en PNAS dice: “Sobre la base de las pruebas morfológicas y filogenéticas sugerimos que estos depredadores especializados subterráneos son los únicos representantes supervivientes de un linaje sumamente divergente que surgió cerca del amanecer de la diversificación de las hormigas y que han persistido en medios ecológicamente estables como suelos tropicales a lo largo de vastas eras”. Esto la convierte fundamentalmente en un fósil viviente. “Lo mismo que es el ornitorrinco con su pico de pato para los mamíferos”, explicaba Nature News, “se trata evidentemente de una prima de las otras hormigas, pero una extraña versión ancestral que emprendió su propia dirección evolutiva en época temprana”. Esto debe ser lo que quiere decir el título del artículo cuando dice que el descubrimiento “arroja luz sobre la antigua evolución de las hormigas”.

Pero la lectura del artículo revela unos cuantos problemas con los confiados asertos sobre dicha evolución:

La supuesta evolución del flagelo

Sean Pitman, Doctor en Medicina

La mayoría de los científicos modernos creen que todos los seres vivos, con todas sus diversas partes y sistemas funcionales, evolucionaron por medio de un proceso de mutaciones al azar y de selección natural a partir de una línea de descendencia común a lo largo de cientos de millones de años. Naturalmente, las famosas observaciones y documentaciones que hizo Darwin de diversos cambios reales a través del tiempo en muchos organismos ayudaron a popularizar este concepto. Desde entonces, las interpretaciones de la columna geológica y del registro fósil, junto con muchos ejemplos modernos de evolución en tiempo real, como la rápida aparición de la resistencia a los antibióticos en las bacterias, parecen confirmar la teoría de la evolución como algo que es “más que una teoría”.

Sin embargo, todavía hay aquellos que siguen cuestionando el potencial creativo de un proceso tan carente de propósito. ¿Puede este mecanismo aparentemente simple de mutaciones al azar y la selección natural originar realmente la asombrosa complejidad y diversidad de todos los seres vivientes?

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