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Iconos de la evolución

Las Calaveras

La teoría de la evolución enseña que nuestro ancestro fue un hombre-mono, cosa que sobretodo a nivel genético y del ADN, ya se comprobó como imposible; pero aún así, en revistas científicas, libros de texto, y medios de comunicación masiva, se sigue enseñando esto, desde la escuela primaria hasta los centros de educación superior e investigación.

La realidad es que cada vez que aparece un cráneo que se propone como representativo del supuesto hombre-mono, el análisis de sus características óseas, de su mandíbula y dientes, y sobre todo, de su capacidad craneana y tamaño aproximado de su cerebro, descartan que sea de un hombre-mono, pues o es definitivamente de simio, o de humano.

"Los chimpancés y los gorilas adultos, tienen caras alargadas, arcos superciliares gruesos, poderosas mandíbulas, y contenidos craneanos pequeños; aunque los simios bebés, tengan cara plana, cráneo redondeado, y muchas otras características corporales parecidas a las de los humanos."

R. Milner, Encyclopedia of Evolution (1990), p. 325.

La Supervivencia de los Más Falsos

Jonathan Wells, Doctor en Biología Molecular y Celular

 Si durante mis años de estudio de ciencia en Berkeley alguien me hubiera preguntado si creía lo que leía en mis libros de texto científicos, hubiera respondido de una forma muy similar a cualquiera de mis compañeros de estudios; me hubiera sentido perplejo de que siquiera se me hiciese una pregunta así. Naturalmente, uno podría encontrar pequeños errores, erratas y cosas así. Y la ciencia está siempre descubriendo cosas nuevas. Pero yo creía —lo tenía como un supuesto— que mis libros de texto científicos contenían el mejor conocimiento científico disponible en aquel tiempo. Sólo fue cuando acababa mi doctorado en biología celular y del desarrollo que me di cuenta de lo que al principio consideré como una extraña anomalía.

El libro de texto que yo usaba presentaba de forma destacada unos dibujos de embriones de vertebrados —peces, gallinas, seres humanos, etc.— cuyas semejanzas se presentaban como evidencia de descendencia desde un antecesor común. Desde luego, los dibujos parecían muy semejantes. Pero yo había estado estudiando embriones durante algún tiempo, examinándolos al microscopio. Y me di cuenta de que los dibujos estaban sencillamente equivocados.

Tengo una pregunta para usted

Jonathan Wells, Doctor en Biología Molecular y Celular

 ¿Has entendido cómo funciona la evolución? ¿Te parece lógico que los átomos, dejados a sí mismos se transformen en personas si esperamos el tiempo suficiente?

¿Piensas que las evidencias de la evolución que muestra tu libro de texto son objetivas?

¿Ha respondido el profesor de biología a tus preguntas? ¿Te quedan dudas?

¿Sabías que hay muchas preguntas clave que tu profesor de biología no quiere que le hagas?

En el libro Iconos de la Evolución, el Doctor Jonathan Wells plantea diez preguntas clave sobre la evolución y la forma como se presenta en los libros de texto.

La Resistencia de las Bacterias a los Antibióticos

Kevin Anderson, Doctor en Microbiología

Los evolucionistas presentan con frecuencia la adquisición por parte de las bacterias de resistencia a los antibióticos como una demostración de cambio evolutivo. Sin embargo, el análisis molecular de los mecanismos genéticos que llevan a la resistencia a los antibióticos no da soporte a esta suposición tan extendida.

Muchas bacterias se convierten en resistentes por la adquisición de genes procedentes de plásmidos o de transposones mediante transferencia horizontal de genes. Sin embargo, la transferencia horizontal no explica el origen de los genes de resistencia, sólo su difusión entre las bacterias.

Las mutaciones, por su parte, pueden explicar el surgimiento de la resistencia a los antibióticos dentro del mundo bacteriano, pero implican procesos mutacionales que son contrarios a las predicciones de la evolución. Lo que hacen estas mutaciones es reducir o eliminar la función de las proteínas de transporte o de las porinas, las afinidades de enlace de las proteínas, las actividades de los enzimas, la fuerza motriz protónica, o de los sistemas de control y regulación.

¿Dónde están las formas intermedias de la evolución?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Desde los días de Darwin una gran laguna venía anegando su teoría de la evolución de las especies. Si los seres vivos procedían unos de otros mediante transformaciones graduales, ¿dónde estaban las formas intermedias? ¿En qué lugar permanecían enterrados sus esqueletos fosilizados?

Esos miles de eslabones perdidos que debían ser mitad pez y mitad salamandra, los reptiles con plumas o los verdaderos hombres-mono, se mostraban tímidos después de tanta expedición paleontológica. Si la evolución se ha producido, ¿cómo es posible que los animales y plantas del presente puedan ser clasificados en grupos bien definidos y la naturaleza no sea un caos de formas en confusión?

Darwin achacó este problema a la imperfección del registro fósil, sin embargo sus sucesores cien años después reconocieron que la inmensa mayoría de las especies fósiles aparecen en los estratos rocosos completamente formados, estables y no como eslabones intermedios.

 Ante la realidad de estos hechos, a principios de los setenta se hizo pública otra idea que pretendía dar una explicación satisfactoria. Se trataba de la teoría del equilibrio puntuado de Niles Eldredge y Stephen Jay Gould.

Faltan los Eslabones

Jonathan Sarfati, Doctor en Química

El libro Enseñando la Evolución y la Naturaleza de la Ciencia trata del registro fósil en varias ocasiones. Creacionistas y evolucionistas, con sus diferentes preconcepciones, predicen distintas cosas sobre el registro fósil. Si todos los seres vivientes realmente han evolucionado a partir de otros tipos de criaturas, entonces debería haber habido muchas formas intermedias o transicionales, con estructuras a medio camino entre ambos. Pero, si por el contrario, las diferentes clases han sido creadas separadamente, el registro fósil debería mostrar que los animales aparecen de forma repentina y completamente formados.

Darwin se mostró preocupado porque el registro fósil no mostraba lo que su teoría predecía:

“¿Por qué no están llenos, cada estrato, cada formación geológica de eslabones intermediarios? Ciertamente la geología no revela esa cadena continua de organismos que cambian gradualmente poco a poco, y ésa es la objeción más obvia y seria que puede oponerse en contra de la teoría”

En busca del fósil perdido

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La ciencia de la paleontología, cuya finalidad es el estudio de los fósiles, aporta evidencias realmente incómodas para la teoría de Darwin.

Actualmente se conocen ya más de 250.000 especies de vegetales y animales petrificados. Pues bien, el análisis de los mismos rara vez refleja las numerosas formas de transición entre especies que deberían haber existido si el gradualismo Darwinista estuviera en lo cierto. Las especies fósiles no aparecen nunca en los estratos rocosos de manera gradual a partir de una transformación continua de sus antepasados en los estratos más profundos. Surgen siempre de golpe y ya perfectamente formadas. Esto suele ser la regla y no la excepción.

No se han encontrado jamás los hipotéticos eslabones perdidos, que según el gradualismo, debieron existir entre invertebrados y vertebrados; o entre peces y anfibios; anfibios y reptiles; reptiles y mamíferos, etc.

De ahí la extraordinaria importancia y la publicidad que se genera cuando es descubierto algún posible candidato, como los discutibles Archeopteryx y otros pretendidos fósiles intermedios.

Tan manifiesto resulta este hecho que eminentes paleontólogos evolucionistas se vieron obligados en 1970 a elaborar una nueva teoría de la evolución que rechazaba los principales planteamientos del Darwinismo, la llamada teoría del Equilibrio Puntuado. Una nueva hipótesis que no necesitaba fósiles intermedios.

La Función de lo Inútil

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Si las alas sirven habitualmente para volar, ¿Por qué las aves que nunca vuelan como avestruces, ñandús, emús y algunas otras las poseen? ¿De qué le sirven los ojos al topo? ¿Por qué algunas serpientes tienen cintura pélvica y restos óseos que recuerdan las patas traseras de otros animales?

Estas y muchas otras cuestiones parecidas han hecho correr abundante tinta en el mundo de los naturalistas. En su libro El Origen de las Especies, Darwin escribió:

“No hay mayor anomalía de la Naturaleza que la de un ave incapaz de volar; a pesar de ello, son varias las que se cuentan en ese caso.”

Desarrollo embrionario y evolución

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El estudio comparado del desarrollo de los embriones aportaría, según el Darwinismo, otra de las pruebas clásicas en favor de la evolución. Al parecer, determinadas similitudes entre embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos demostrarían que todos ellos descenderían de antepasados comunes parecidos a los peces. Darwin lo explicaba así:

“De dos o más grupos de animales, aunque difieran mucho entre sí por su conformación y costumbres en estado adulto, si pasan por fases embrionarias muy semejantes, podemos estar seguros de que todos ellos descienden de una misma forma madre y, por consiguiente, de que tienen estrecho parentesco. Así, pues, la comunidad de estructura embrionaria revela la comunidad de origen; [...] La embriología aumenta mucho en interés cuando consideramos al embrión como un retrato, más o menos borroso, del progenitor de todos los miembros de una misma gran clase”

(Darwin, 1980, El Origen de las Especies, Edaf, Madrid: 446-447).

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