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Abiogénesis

Deshinchando las pruebas sintéticas del Mundo del ARN

David Tyler

En junio de 2005, el biofísico David Deamer y colegas visitaron un estanque de agua calentado por actividad volcánica en la península rusa de Kamchatka. Los científicos creían que el agua era estéril y que el volcanismo había eliminado todas las señales de vida. «Darwin proponía que la vida había comenzado en "un pequeño estanque caliente" ... Estamos poniendo a prueba su teoría en un "pequeño charco caliente"», explicaba Deamer en una reunión de la Royal Society en Londres en Febrero de 2006. Este grupo vertió una «sopa primordial» de proteínas, ADN y membranas celulares en el estanque, y esperaron a ver qué iba a suceder.

«Cuando los científicos sacaron muestra del agua después de unas pocas horas, se quedaron sorprendidos al ver que la mayor parte del material añadido había desaparecido.»

La Evolución Prebiológica

Phillip Johnson, Doctor en Jurisprudencia

Cuando el Tribunal Supremo abolió la ley de Louisiana que exigía un trato equilibrado para la ciencia creacionista, el Juez Antonin Scalia disintió de la decisión porque pensaba que «El pueblo de Louisiana, incluyendo aquellos que son cristianos fundamentalistas, tienen todo el derecho … a que se presente en sus escuelas toda aquella evidencia que pueda haber contra la evolución». Stephen Jay Gould se sintió perplejo de que un jurista de la erudición de Scalia (había tenido cátedras en varias universidades principales) sostuviese la absurda idea de que los fundamentalistas pudiesen tener evidencias científicas contra la evolución. Gould se dedicó a leer la opinión de Scalia buscando una explicación de aquello, y la encontró en varias frases en las que se implicaba que la evolución es una teoría acerca del origen de la vida.

En un artículo en el que corrige «El malentendido del Juez Scalia», Gould intentó deshacer el entuerto. La evolución, escribió Gould, «no es el estudio del origen último de la vida, como una vía para intentar discernir su sentido más profundo». Incluso los aspectos puramente científicos de la primera aparición de la vida en la tierra pertenecen a otros departamentos de la ciencia, porque «evolución» es simplemente el estudio de cómo la vida cambia una vez está ya en existencia. Debido a que había entendido mal el tema estrictamente limitado de la evolución, Scalia había tropezado en el malentendido de que es posible tener objeciones racionales a las doctrinas de la ciencia evolucionista.

El Polvo

Plantas, animales y humanos, están formados por materia. La materia (lo que tiene masa y ocupa un lugar en el espacio) está compuesta por átomos formados por partículas subatómicas como los neutrones y protones del núcleo, y los electrones de sus órbitas. Hay átomos de unos 115 elementos químicos diferentes, 92 de ellos presentes en la naturaleza.

La unión de dos o más átomos forman una molécula (como el agua: H2O), y la molécula formada por dos o más átomos de elementos distintos se llama compuesto. Los compuestos orgánicos, son aquellos cuyo elemento principal es el carbono. Son combustibles (se queman o funden por debajo de los 300°C), liberando agua, CO2, y cenizas (Carbón).

Todos los seres vivos, al morirse, ya sea en la tierra o en el agua (mar, lagos, etc.), se pudren, desintegran, pulverizan, y transforman en compuestos y elementos biogenésicos (capaces de ser usados para formar seres vivos). Hay unos 70 elementos químicos que en infinidad de combinaciones, forman biomoléculas (moléculas propias de los seres vivos).

El ARN catalítico — un catalizador indigno de una discusión seria acerca del origen de la vida

Robert Deyes, Biólogo Molecular

Durante las últimas décadas, la búsqueda de la vida extraterrestre ha sido un punto focal de la exploración del espacio. Mientras la idea de seres extraterrestres en busca de nuevos planetas habitables sigue generando polémica en los círculos científicos y religiosos, más recientemente con la conferencia de astrobiología de la Academia Pontificia de las Ciencias, una serie de investigaciones contemporáneas se ha centrado en los organismos unicelulares primitivos.

Astrobiólogos como Richard Hoover afirman confiados que la vida primitiva existe fuera de nuestra propia Tierra. Desde que la nave espacial de la NASA Galileo pasó en 1998 cerca de Europa, la luna de Júpiter, muchos consideran más que probable la existencia de bacterias en esta helada luna.

La noción de que la vida podría desarrollarse así sin más allí donde se encuentran las condiciones ambientales apropiadas exige desde luego un gran salto de fe. Es una noción que pasa por alto una multitud de factores críticos, sobre todo el origen de alguna clase de material genético codificante.

El Origen de la Vida – un problema irresoluble para el materialismo

Santiago Escuain, Graduado en Ingeniería Técnica en Procesos Químicos

Cuando hablamos del origen de la vida, nos referimos en realidad al origen de la primera unidad metabólica que se puede reproducir y perpetuar.

Antes de los grandes avances en microscopía y otras técnicas de observación, se creía que las células eran unas realidades relativamente sencillas, un protoplasma en cuyo seno se daban unas interacciones químicas que les daban sus propiedades dinámicas y reproductivas.

No fue hasta que se pudieron observar las estructuras de la célula mediante microscopía electrónica de alta resolución y mediante otras técnicas que se llegó al conocimiento de que no se trataba de meras interacciones químicas más o menos sencillas, sino de complejísimas interacciones en las que todos unos sistemas de máquinas complejas sumamente miniaturizadas compuestas de piezas de material proteínico cumplían funciones muy específicas dentro de un gran complejo biológico-industrial, con sistemas de almacenamiento, traducción, transcripción y mantenimiento de información, de regulación y control de procesos, de captación, transformación y aplicación de energía, de entrada selectiva de materiales y de su transporte automatizado con sistemas codificados de identificación, con relojes y temporizadores para todos los ritmos de funcionamiento y operación.

¿Vida creada en el laboratorio?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Una vez más el sensacionalismo periodístico vuelve a las andadas a raíz de los experimentos del famoso biólogo y hombre de negocios norteamericano, John Craig Venter, quien fundó la empresa Celera Genomics y se hizo popular al iniciar su propio Proyecto Genoma Humano en 1999, al margen del proyecto que ya estaba realizando el consorcio público. El Doctor Venter es conocido también por sus planes desde hace años para patentar y comercializar el genoma humano, el código genético de toda la humanidad; asunto que le generó una agria polémica con otros destacados compañeros de profesión.

Recientemente los investigadores del centro que lleva su nombre, el Instituto J. Craig Venter de Rockville, Maryland (Estados Unidos), lograron con éxito extraer los cromosomas de una bacteria, modificarlos e implantarlos de nuevo en otro tipo diferente de bacteria. Según sus autores, este estudio que ha sido publicado en la revista especializada Science supone sólo el primer paso hacia la creación de células artificiales.

El Naufragio de las Investigaciones sobre el Origen de la Vida

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

    Ha visto la luz en Scientific American un importante estudio acerca de la situación de la investigación acerca del origen de la vida. Robert Shapiro, un experto y galardonado químico, investigador oncológico, profesor emérito y autor de libros acerca de este campo, desmitifica el experimento de Miller, el Mundo del ARN y otros experimentos populares como callejones sin salida irreales. Al describir el fantasioso pensamiento de algunos investigadores, decía:

«En una forma de vitalismo molecular, algunos científicos han dado por supuesto que la naturaleza tiene una tendencia innata a producir de manera preferente los componentes de la vida en lugar de las huestes de otras moléculas que pueden también surgir de las reglas de la química orgánica».

El Origen de la Vida ¿callejón sin salida?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Antes de la invención del microscopio y del descubrimiento de la complejidad del micro-mundo que escapa al sentido de la vista humana, los naturalistas pensaban que ciertos animales pequeños podían aparecer de forma súbita a partir de la materia orgánica putrefacta.

Se creía que insectos, gusanos, anguilas o ranas surgían de manera natural en el barro, mediante la transformación de la materia inorgánica en orgánica. Cuando se comprobó que esto no era así, el ámbito de la generación espontánea de la vida se fue reduciendo cada vez más.

Louis Pasteur se dio cuenta de que si se protegían convenientemente los alimentos, éstos no eran capaces de generar microbios ni insectos, por lo que en 1862 demostró definitivamente que la generación espontánea era una quimera. No obstante, tal teoría fue asumida por los partidarios del Darwinismo, como Ernst Haeckel, para explicar el origen de las primeras células. En aquella época se creía que la célula era un simple grumo de carbono que había surgido por evolución de la materia inanimada.

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