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Mutaciones

Duplicación cromosómica y el origen de nueva información biológica: Estudio de caso sobre las globinas

Jonathan M

El propósito de la hemoglobina en la sangre es transportar oxígeno desde los órganos de respiración a los tejidos del cuerpo, donde se libera el oxígeno para proporcionar energía para el organismo.

La hemoglobina sirve también para recoger el dióxido de carbono y devolverlo a los pulmones (o branquias en el caso de los peces) de modo que pueda ser expulsado del organismo. Cuatro cadenas polipeptídicas componen el tetrámero funcional de la hemoglobina. Dos de ellas son idénticas en estructura (y se designan como la cadena α), y las otras dos son también idénticas entre sí (y se designan como una cadena β). La mioglobina (específica de las células musculares) posee una afinidad aun mayor para el oxígeno que la hemoglobina. La mioglobina actúa almacenando el oxígeno, y lo retiene en los músculos cardíaco y esqueléticos.

Ahora bien, quiero exponer que hay al menos cinco dificultades que se levantan contra una evolución de las globinas mediante duplicación cromosómica y divergencia:

Refutada: la evolución por duplicación génica

David Coppedge, Graduado en Física (con honores)

Una hipótesis común en círculos evolucionistas es la evolución por duplicación génica. Enuncia que los genes duplicados quedan libres para evolucionar nuevas funciones sin afectar al gen primario. Esta idea ha recibido un duro golpe por un artículo publicado en Complexity.

De hecho, el lugar y la extensión de la selección natural como fuerza para el cambio en biología molecular ha sido objeto de cuestionamientos en años recientes. La detección de la incidencia de cualesquiera sustituciones benéficas en los genes ha recurrido hasta ahora a inferencias estadísticas por cuanto los datos empíricos están disponibles con menor facilidad. En muchos casos se pueden inducir cambios no sinónimos y desplazamientos en la diversidad alélica por factores que pueden servir para imitar efectos selectivos —conversión génica sesgada, puntos calientes de mutaciones y recombinaciones, arrastre por ligamiento o incluso deriva neutra, entre ellos. Además, diversos factores bien conocidos como el ligamiento y la naturaleza multilocus de importantes fenotipos tienden a refrenar la capacidad de la evolución darwinista, y así representan límites naturales al cambio biológico. La selección, que es esencialmente un filtro negativo, tiende a actuar contra la variación incluyendo mutaciones que antes se creían inocuas.

Mutaciones, Grandes y Pequeñas

Phillip Johnson, Doctor en Jurisprudencia

El concepto de «evolución» es suficientemente amplio para incluir prácticamente cualquier alternativa a la creación instantánea, y por ello no es sorprendente que los pensadores hayan especulado acerca de la evolución desde la antigüedad. La singular contribución de Charles Darwin fue describir un mecanismo plausible mediante el que podrían acaecer las transformaciones precisas, un mecanismo que no precisaba de conducción divina, de fuerzas vitales misteriosas ni de ninguna otra causa que no esté actualmente operando en el mundo. Darwin se sentía particularmente ansioso por evitar la necesidad de ningún «salto» — por el cual aparece un nuevo tipo de organismo en una sola generación.

La mayoría de los científicos creen que los saltos (o macromutaciones sistémicas, como se les llama muchas veces en la actualidad) son teóricamente imposibles, y ello por buenas razones. Los seres vivos son conjuntos extremadamente intrincados de partes interrelacionadas, y las partes mismas son también complejas. Es imposible imaginar cómo las partes cambiarían al unísono como resultado de una mutación al azar.

Los Mutantes

Cuando después de más de 100 años de investigaciones, los darwinistas originales se convencieron que ni la Selección Natural ni las características heredadas (Lamarckismo), por sí mismas, causaban la evolución de una especie en otra, sino sólo cambios dentro de una misma especie, como las 14 o más variedades de picos, en los pinzones de Darwin… Y cuando después de encontrar, recolectar, analizar, y concentrar en los museos más de 200 millones de fósiles, de más de 250 mil especies diferentes, redujeron a cero las esperanzas de Charles Darwin de encontrar en ellos las formas intermedias y los eslabones perdidos, que dieran aunque fuera la primera prueba a su teoría de la evolución...

...Surgieron los neodarwinistas que cifraron sus esperanzas en que por la espontánea modificación, enriquecimiento, y perfeccionamiento del código genético (ADN y genes), a base de mutaciones al azar, se lograría la evolución de una especie en otra. Pero el problema es que las mutaciones benéficas, son prácticamente inexistentes en la naturaleza.

Las Moscas

La mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), es fácilmente observable, madura en 12 días, y “se reproduce por miles, en envases con leche. Bastan unos plátanos para alimentarlas a todas, y su ciclo de vida es corto (15-21 días). Sólo tienen cuatro pares de cromosomas (13,600 genes).”

A partir de 1906 y durante 30 años, el zoólogo Thomas H. Morgan (premio Nobel 1933), se dedicó a la investigación genética, y expuso a miles de generaciones de moscas de la fruta (equivalentes a todas las generaciones de humanos que hubieran existido en millones de años sobre la Tierra), a radiaciones, sustancias químicas y agentes biológicos (virus), con el fin de causarles mutaciones, logrando causar solo monstruosidades; pero nunca su cambio a una nueva especie.

“La mosca de la fruta ha sido el objeto favorito de los experimentos de mutación. (Desde 1928, gracias a H. J. Muller), los rayos X incrementaron en 15,000 % el índice de sus mutaciones. Esto equivalente a muchos millones de años de mutaciones naturales (espontáneas), y de evolución”.

Las Mutaciones

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Los avances en la Genómica (ciencia que estudia los genes), la Biología molecular (ciencia que estudia la estructura y comportamiento de las biomoléculas) y la tecnología, principalmente el microscopio electrónico, han permitido que en los últimos 20 años, se haya logrado provocar múltiples mutaciones en organismos como bacterias, plantas (cereales transgénicos), e insectos, como la mosca de la fruta; así como la clonación de mamíferos: ratones, chimpancés y ovejas, como la famosa Dolly. Con todos estos conocimientos y el descubrimiento de los virus, bacteriófagos, viroides, virusoides y priones, que sin estar vivos parasitan células y controlan su funcionamiento forzándolas a replicarlos (hacer copias de ellos), ya se tienen más que suficientes conocimientos para saber que ninguno de ellos, a pesar de múltiples manipulaciones genéticas, pueden evolucionar a otra especie.

En nuestros tiempos, la teoría de la evolución sigue enseñándose oficialmente a pesar de que miles de descubrimientos científicos han confirmado, incontrovertiblemente, que por ser todos los seres vivos tan extremadamente complicados y tener rasgos como simetría, función, utilidad y belleza entre otras cosas, necesariamente se debe aceptar que fueron diseñados y creados, y que no son un producto de la casualidad, ni de la evolución.

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