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El Origen Histórico de las Culturas Primitivas |
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Escrito por Arthur C. Custance, M.A., Ph. D
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UN AMIGO MÍO estaba una vez cenando con una célebre personalidad extranjera. Durante la conversación, mi amigo comentó acerca del espléndido panorama desde la ventana del comedor, y observó a su invitado que cuando el sol se levantaba sobre el río Hudson, creaba un caleidoscopio siempre cambiante de reflejos de colores al paso de los barcos de muchas naciones que navegaban por el río. El gran hombre protestó: «Pero, dat iss der vest, nod der east! [¡Pero esto es el oeste, no el este!]». Su anfitrión se apresuró a asegurarle que debía haberse desorientado, y que estaba cometiendo un error. Sin embargo, la discusión llegó a un punto que parecía que nada menos que una brújula sobre la mesa podría convencer al anciano caballero de su error. De modo que buscaron una brújula, la cual confirmó la observación realizada por el anfitrión que había observado la salida del sol muchísimas veces desde aquella ventana. El anciano caballero hizo una larga pausa, y luego dijo: «Entonces ... der kompass iss wronk! [Entonces, ¡la brújula está mal!]». Como lo dijo con un tono de completa convicción, sobraba cualquier discusión adicional sobre este tema, y se dejó de hablar del asunto.
Esta historia parece tan absurda que es casi increíble, pero sucedió de verdad. Es una espléndida ilustración de hasta qué punto una idea preconcebida puede impedir la aceptación de una verdad cuando esta verdad es contraria a las expectativas.
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