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Escrito por Guillermo González
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La tesis de este libro es de lo más atrayente. Nuestro planeta no sólo tiene unas condiciones únicas que lo hacen habitable, lo cual es maravilloso y desafía a todo azar, sino que además ocupa un lugar privilegiado en el cosmos. Hay quien habla de “diseño inteligente” y quien piensa que alguien muy Inteligente pensó el mundo para los hombres. El planteamiento es muy sugerente. Se puede resumir con un párrafo del libro: “Lo que defendemos es que las condiciones de la Tierra permiten una sorprendente diversidad de medidas, desde la cosmología y la astronomía galáctica, hasta la astrofísica estelar y la geofísica. Y permiten esta rica diversidad mucho mejor que si la Tierra hubiese sido especialmente preparada para, digamos, uno de esos tipos de medida”. Cada vez se insiste más, refutando así las teorías del puro azar, en que hay demasiadas coincidencias críticas (desde la masa de los neutrones hasta la fuerza de expansión del universo), como para reducirlo todo a una casualidad. El hombre, leyendo en el libro de la naturaleza se maravilla y advierte que debe haber un significado más profundo en las cosas. Ciertamente, no basta con los datos, aunque sean elocuentes, sino de cómo cada cual decida mirar la realidad que le rodea. Este libro aporta mucha información, con lenguaje suficientemente divulgativo sin dejar de ser riguroso, para permitirnos hacer un juicio desde el asombro y la honestidad. Pero lo más novedoso en él es esa perspectiva anunciada en el subtítulo: Cómo nuestro lugar en el cosmos está diseñado para el descubrimiento. Descubrir no sólo exige tener los datos al alcance. También pide disponer del ingenio suficiente para saber descubrirlos y entenderlos. No se trata de rebatir al azar con datos, sino con algo previo: están ahí a nuestro alcance y debe ser porque quieren ser vistos. Una especie de vuelta al calcetín en un debate entretenido que, por lo general, es más ideológico que científico. |
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Escrito por William Dembski
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Si caminando por una playa encontramos un castillo de arena, lo natural será que pensemos en que su autor ha sido un ser con inteligencia y voluntad, capaz de esculpir sobre un trozo de materia informe un patrón predefinido, y no el azar de las olas del mar. Pues bien, este razonamiento del más puro sentido común (que, como dijo alguien, es el menos común de los sentidos) es el subyacente en la teoría del diseño inteligente, de la cual William A. Dembski no solo es uno de sus puntales en la investigación científica mundial, sino un brillante divulgador. El diseño inteligente pretende encontrar en los sistemas biológicos patrones que denoten inteligencia. Por lo tanto, desafía directamente al darwinismo y otros enfoques materialistas sobre el origen y la evolución de la vida. El principal reto que ha enfrentado durante los últimos 200 años esta teoría ha sido descubrir una fórmula conceptualmente poderosa que haga avanzar fructíferamente a la ciencia. El diseño inteligente tiene como postulado central que sólo causas inteligentes pueden explicar de una manera adecuada las complejas estructuras ricas en información estudiadas por la biología, y que dichas causas son empíricamente detectables, lo que equivale a decir que existen métodos bien definidos que pueden distinguir con acierto las causas inteligentes de las causas materiales no dirigidas. En su libro, el profesor Dembski refuta con claridad, amenidad y rigor las pegas que algunos darwinistas se empeñan en hacer, más por cerrazón ideológica que por motivos estrictamente científicos, y nos expone la teoría que a buen seguro guiará durante el siglo XXI los avances científicos en la revolucionaria biotécnica.
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Escrito por Silvano Borruso
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Silvano Borruso es ingeniero agrónomo y desde 1960 ejerce la docencia en la Strathmore School, en Nairobi (Kenya). Su dedicación vocacional al pensamiento filosófico le ha llevado a ser traductor de San Agustín y de Santo Tomás. La obra que presentamos a continuación, El evolucionismo en apuros, no es tanto fruto de una especialización profesional, sino el cúmulo de pequeñas inquietudes intelectuales en torno al evolucionismo. El propio autor confiesa que todo empezó con pequeñas objeciones al evolucionismo que recogía en papeles sueltos para luego exponerlas a sus alumnos. Con el tiempo las dudas y los contra argumentos se fueron acumulando. Por fin, el material ha dado para todo un libro que muchos editores no se atrevieron a publicar. La editorial Criterio Libros se ha lanzado a la aventura de proponer un texto en el que, como mínimo, el lector encontrará argumentos que no se suelen leer y menos pensar.
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Escrito por Tom Bethell
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Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad. Toleran el examen, pero preferiblemente si se hace dentro de sus propias filas (...) Los que no son especialistas en [un determinado] terreno temen entrar en el campo de los demás, como no sea con un espíritu respetuoso. Por todo lo cual raramente se producen desacuerdos. Y los sacerdotes de la ciencia no se ven molestados, que es lo que en el fondo les gusta.
Pero la verdad es que la ciencia se ha politizado, y si los científicos no quieren criticarse unos a otros ¿quién lo va a hacer? Creo que los periodistas necesitarían involucrarse más en este asunto. No hacer simplemente reportajes sobre temas científicos, sino prepararse para poder ser más críticos. |
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Escrito por Antonio Cruz, Doctor en Biología
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Desde que se publicó el Origen de la Especies, a mediados del siglo XIX, las ideas de Darwin han matado a Dios en la conciencia de muchas personas. ¿Cómo es posible que hoy, en pleno siglo XXI y ante los nuevos descubrimientos científicos, se continúen manteniendo ideas tan alejadas de la evidencia? En este libro analizaremos el darwinismo y, en general, la teoría de la evolución frente a los nuevos descubrimientos de la ciencia. La conclusión a la que se llega es la de reconocer que los últimos hallazgos desmienten las afirmaciones fundamentales del transformismo y lo colocan en una situación de descrédito. La tremenda complejidad del átomo, unida a la del mensaje contenido en el ADN y el código genético que posee cada célula viva, permiten afirmar que Darwin no mató a Dios –como algunos piensan- sino que, muy al contrario, Dios fue quien planificó el mundo y lo sigue sustentando con su infinita sabiduría. |
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Escrito por William Dembski
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Aunque el movimiento del diseño inteligente (DI) haya ganado considerable apoyo a nivel local muchos científicos y teólogos permanecen escépticos con respecto a sus méritos. A los científicos les preocupan que sea mala ciencia (solamente creacionismo disfrazado) y a los teólogos les preocupa que sea mala teología (un entendimiento erróneo de la acción divina). En este libro William Dembski se dirige justo a estos asuntos y de manera brillante argumenta que el DI provee un enlace crucial entre la ciencia y la teología. Introducción por Michael Behe. |
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Escrito por Phillip E. Johnson
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Comentario de Eric Schlottman G.
El libro Proceso a Darwin, por el Dr. Phillip Johnson, nos provee información que poderosamente desafía a algunas de las presuposiciones de una cosmovisión naturalista. El naturalismo –la creencia de que todo lo que existe puede ser explicado puramente en base de causas naturales, sin referencia a ninguna acción o control sobrenaturales- es una cosmovisión que ha influido mucho no sólo en la sociedad en general sino también entre los cristianos. Esta perspectiva se reclama el derecho exclusivo de poder llamarse “científica”, pues supuestamente se basa sólo en la observación de los hechos y no en las ideas subjetivas, como es el caso de las religiones que tratan con elementos que no se pueden observar directamente y por lo tanto no se pueden comprobar. La teoría de la evolución biológica primero enunciada por Charles Darwin y luego modificada por sucesivas generaciones de científicos, ha sido un elemento fundamental en el naturalismo, pues ofrece una explicación de cómo se originó la vida y cómo ésta ha desarrollado para darnos la gran variedad de seres vivos que existen hoy. Sin ninguna explicación de estos fenómenos, cualquier cosmovisión sería un sistema incompleto y abierta a críticas. |
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Escrito por Antonio Cruz, Doctor en Biología
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El bioquímico norteamericano, Michael J. Behe, -profesor en la Universidad Lehigh de Pensilvania- publicó un libro en 1996 titulado, La caja negra de Darwin, (que fue traducido al español tres años después por la editorial Andres Bello). En esta obra desarrolla el argumento de los llamados órganos o sistemas irreductiblemente complejos. Behe denomina así a determinadas estructuras y funciones fisiológicas de los seres vivos que suelen estar compuestas por varias piezas o etapas que interactúan entre sí, dependiendo unas de otras y contribuyendo entre todas a realizar una determinada función básica. Si se elimina una sola de tales piezas o etapas, el sistema deja automáticamente de funcionar. El autor argumenta que un sistema así no se puede haber producido por evolución de lo simple a lo complejo, como propone el darwinismo, porque cualquier precursor que careciera de una parte concreta sería del todo ineficaz. Por tanto, tales órganos o sistemas biológicos habrían tenido que originarse necesariamente como unidades integradas para poder funcionar de manera correcta desde el principio. |
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