creacionismo

Orígenes El Hombre
El Hombre

El cuerpo humano muestra la Gloria de Dios

Los científicos han descrito el cuerpo humano como una máquina perfecta.

El estudio científico del hombre nos proporciona un caudan incesante de maravillosas sorpresas. Todas las evidencias científicas nos hacen pensar que estamos ante la obra de un diseño inmejorable concebido por un ingenioso creador.

La evolución implica que la humanidad llegó a existir por una suma de coincidencias

Frente a las evidencias científicas se levantan los defensores de la idea de la evolución humana. Dejan a un lado las maravillas que la ciencia ha descubierto e imaginan las distintas etapas a través de las cuales un grupo de primates se transformaron en hombres modernos.

Estas supuestas etapas son, a grandes rasgos, cuatro: los australopitecos, el Homo habilis, el Homo erectus , y el Homo sapiens.

 El examen científico de los restos fósiles muestra que todos ellos pertenecen a primates o a razas humanas extinguidas. En contra de las evidencias científicas la evolución confía en encontrar algún día el eslabón perdido, ignorando que el hombre y el simio permaneces separados por miles de eslabones insalvables.

 ¿Cómo apareció el hombre sobre la Tierra? ¿Cómo se explica la gran diferencia entre el hombre y el resto de los animales? ¿Qué aporta la ciencia a la hora de resolver tales cuestiones?



La similitud del ADN humano/chimpancé se desvanece al contar con los indeles
Escrito por J. Warren Nelson   

Convencionalmente se sostiene que los humanos  y los chimpancés nos diferenciamos muy poco en nuestro ADN.  Sin embargo, hay nuevas pruebas que sugieren que las diferencias podrían ser mucho más drásticas. Las mutaciones que causan inserciones y supresiones en el ADN son las que producen la diferencia genética entre las dos especies, pero éstas normalmente no se incluyen en las estimaciones de la diversidad. 

Además, hay zonas con  grandes similitudes que se ven a menudo afectadas por restricciones selectivas. Cada vez se encuentran más funciones para el llamado ADN “basura” lo que indica que las similitudes en este tipo de ADN no son necesariamente la consecuencia de una ascendencia común. 

Futuras investigaciones ayudarán a comprender estos datos tan importantes en el debate sobre los orígenes.

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Descifrando el dogma de la similitud del ADN
Escrito por Daniel Anderson   

¿Qué nos hace diferentes?

En octubre de 2006 de la revista Time planteaba una pregunta crucial en relación con los chimpancés y los seres humanos: ¿Qué nos hace diferentes?1

El colectivo evolucionista comúnmente esgrime que existe un 98-99% de similitud entre el ADN de los humanos y el de los chimpancés, como prueba irrefutable de un antepasado común reciente. Este aparentemente alto porcentaje de similitud genética ha servido para reforzar la fe popular en la evolución de Darwin y para poner a los creacionistas a la defensiva. Los creacionistas bíblicos y los teóricos del Diseño Inteligente sostienen que esta similitud, se debe a un diseño común.

Este argumento parte de una analogía: podemos observar que los diseñadores humanos utilizan patrones de diseño comunes para crear las tecnologías que requieren características de diseño similares, pero obteniendo distintas identidades y funciones.

Incluso la antropóloga evolutiva Owen Lovejoy declaró,

"Es como tener los planos de dos casas de ladrillos diferentes. Los ladrillos son los mismos, pero los resultados son muy diferentes." 1

Sin embargo, hay algunos, incluso dentro de la comunidad creacionista, que creen que este argumento del diseño común es insuficiente para clasificar seres vivos y que no explica el alto grado de similitud genética entre humanos y chimpancés2.

Este artículo compara y contrasta chimpancés y seres humanos, analiza una serie de estudios genéticos poco conocidos, discute ciertos aspectos relativamente desconocidos del genoma del chimpancé y compara a los chimpancés con otros animales que muestran atributos parecidos al hombre.

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El Origen Histórico de las Culturas Primitivas
Escrito por Arthur C. Custance, M.A., Ph. D   

UN AMIGO MÍO estaba una vez cenando con una célebre personalidad extranjera. Durante la conversación, mi amigo comentó acerca del espléndido panorama desde la ventana del comedor, y observó a su invitado que cuando el sol se levantaba sobre el río Hudson, creaba un caleidoscopio siempre cambiante de reflejos de colores al paso de los barcos de muchas naciones que navegaban por el río. El gran hombre protestó: «Pero, dat iss der vest, nod der east! [¡Pero esto es el oeste, no el este!]». Su anfitrión se apresuró a asegurarle que debía haberse desorientado, y que estaba cometiendo un error. Sin embargo, la discusión llegó a un punto que parecía que nada menos que una brújula sobre la mesa podría convencer al anciano caballero de su error. De modo que buscaron una brújula, la cual confirmó la observación realizada por el anfitrión que había observado la salida del sol muchísimas veces desde aquella ventana. El anciano caballero hizo una larga pausa, y luego dijo: «Entonces ... der kompass iss wronk! [Entonces, ¡la brújula está mal!]». Como lo dijo con un tono de completa convicción, sobraba cualquier discusión adicional sobre este tema, y se dejó de hablar del asunto.

Esta historia parece tan absurda que es casi increíble, pero sucedió de verdad. Es una espléndida ilustración de hasta qué punto una idea preconcebida puede impedir la aceptación de una verdad cuando esta verdad es contraria a las expectativas

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La supuesta evolución del cráneo humano
Escrito por Arthur C. Custance, M.A., Ph. D   

ANTES de los más recientes desarrollos de las técnicas de datación mediante materiales radiactivos, había fundamentalmente solo dos métodos para evaluar la edad de un fósil.

El primero era el nivel geológico en el que se encontraba el espécimen.

El segundo, de aplicación más en particular a los fósiles humanos, era su apariencia general: si eran simiescos y «primitivos», o si eran esencialmente como el hombre moderno.

Estos dos criterios siguen aplicándose muy generalmente, por cuanto la mayor parte de los restos más antiguos del hombre primitivo están completamente fosilizados, y no se puede emplear con ellos el método de datación mediante carbono 14.

Pero ha sido cosa reconocida durante mucho tiempo que si se disponen los restos fósiles del hombre primitivo según su grado de primitivismo, se verá que el orden contradice las series ordenadas en base a la antigüedad establecida por los niveles en los que se han encontrado.

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La confusión de las lenguas
Escrito por Arthur C. Custance, M.A., Ph. D   

Todas las naciones comparten tradiciones del Edén, de la Caída, del Diluvio y de la construcción de la Torre de Babel y de la Confusión de las Lenguas. Pero después de esto parece haberse establecido una separación y haberse dejado de compartir.

¿Hay alguna evidencia de que la humanidad compartiese una misma lengua dentro de los últimos pocos miles de años, como parece implicarse claramente de la redacción de Génesis 11:1?

Si durante varios miles de años de Adán a Noé la humanidad estuvo hablando una lengua, ¿tenemos alguna forma de determinar, bien mediante las Escrituras o por otros datos de qué lengua se trataba? 

¿Existe alguna indicación de que la confusión a la que  se refiere Génesis tuviese lugar de forma repentina, en contraste a lo que parece ser más o menos la tendencia normal de las lenguas a divergir entre sí con el paso del tiempo? Si existe esta evidencia, ¿arroja la misma alguna luz acerca de la naturaleza de la confusión que tuvo lugar?

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Convergencia, y el origen del hombre
Escrito por Arthur C. Custance, M.A., Ph. D   

LA CONVERGENCIA ES un fenómeno natural que según algunas de las autoridades más prestigiosas se da en todos los seres vivientes, plantas o animales.

Es exactamente lo contrario a la divergencia, que en realidad es otro nombre para la evolución.

Por convergencia se significa la tendencia que se observa en formas vivas no relacionadas filogenéticamente entre sí a responder a similares contingencias de la vida desarrollando estructuras semejantes.

Estas «estructuras» incluyen no solo rasgos del esqueleto mismo sino órganos internos, órganos de los sentidos, fluidos corporales e incluso (al menos en las aves) rasgos como llamadas, coloración hábitos de construcción de nidos.

Es como si hubiera en la Naturaleza algún mecanismo intrínseco por el que cualquier animal o planta, al hacer frente a un problema que se deba resolver a fin de sobrevivir, pueda desarrollar una estructura, usando esta palabra en el sentido amplio anteriormente indicado, que resuelva el problema de la forma más económica y eficiente.

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