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El Origen del Hombre

Hombre Pensante / Mono Desnudo

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La disciplina que procura aplicar el método de la ciencia al estudio de los fósiles humanos, la Paleoantropología, asume los principios del evolucionismo. Es decir, supone que el planteamiento general de la teoría de la evolución de las especies constituye una forma de axioma. Algo tan evidente en sí mismo que no necesita demostración alguna.

De manera que cuando se investigan tales huesos petrificados, se hace siempre con la idea previa de que la transformación gradual entre la célula y el hombre, realmente ha tenido lugar. Jamás se acude a los estratos rocosos con la intención de verificar si el ser humano ha evolucionado a partir de los simios o no. Esto ya se da por supuesto. El propósito no suele ser nunca demostrar esa posible transformación, sino averiguar cómo habría podido suceder. A partir de qué homínidos extintos sería factible construir el hipotético árbol evolutivo humano y qué fósiles conviene descartar del mismo.

¿Quién enseñó hablar a Adán?

Arthur Custance, Doctor en Ciencias de la Educación

Hace muchos años Humboldt observó que si hubo una transición de animal a hombre, esta transición tuvo lugar con la adquisición del habla. Pero añadió, con un profundo criterio, que para poder hablar, el hombre ya tenía que ser humano. Así, el problema de explicar el origen del habla se le aparecía como irresoluble. Y aparte de la revelación, lo sigue siendo.

Debido a la influencia de las teorías de Darwin, por un tiempo pareció innecesario poner en tela de juicio que el habla humana hubiera derivado de gritos de animales. Esencialmente las dos cosas eran lo mismo; se trataba sólo de una cuestión del grado de complejidad. Siguiendo en los pasos de los primeros antropólogos sociales, que estaban ordenando las diversas culturas primitivas en una secuencia de más simple a más compleja, con lo que se ilustraba la supuesta ascensión del hombre al Parnaso, los que filosofaban sobre el lenguaje daban por supuesto que los extraños gruñidos, chasquidos y muecas de los «salvajes» más inferiores constituían evidencia de que el habla, como todo lo demás, había evolucionado mediante pasos apenas perceptibles de lo simple a lo complejo.

El Origen del Hombre

Ramón Gómez, Graduado en Matemáticas y Teología

Las características que mejor distinguen al ser humano del resto de los animales son sus capacidades intelectuales, sociales y espirituales, por lo tanto cualquier explicación sobre la causa que provocó el origen del hombre debe explicar también el origen de sus capacidades intelectuales, sociales y espirituales.

¿Cómo se originaron estas capacidades? ¿Son el resultado de la creación o de la evolución?

La Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen de Dios pero los evolucionistas postulan que la inteligencia sociabilidad y espiritualidad humana fueron creadas por procesos materiales. Según ellos ciertas mutaciones fortuitas crearon estas capacidades las cuales perduraron porque permitieron a nuestros antepasados no humanos producir más descendencia que el resto de los homínidos

Este artículo plantea una serie de preguntas que nos permiten reflexionar sobre la cuestión del origen de la naturaleza humana a la luz de las evidencias científicas.

¿Habrá aprendido a hablar un simio?

Carl Wieland, Graduado en Medicina y Cirugía

Las afirmaciones están circulando ampliamente de que Kanzi, un bonobo o chimpancé pigmeo, ha hecho exactamente esto. De hecho, la realidad es mucho más mundana de lo que toda la emoción evolucionista sugeriría.

Se ha sabido por algunos años que Kanzi y otros habían sido entrenados para usar símbolos simples para representar conceptos como “plátanos”, “uvas”, “jugo” o “sí”. Y ahora se ha mostrado, a partir de la grabaciones analizadas, que este simio ha usado cuatro sonidos distintos para representar aquellos cuatro conceptos particulares. Si algún otro simio o humano nació para “entenderlos”, no está claro actualmente.

Debería observarse que los sonidos no son en nada como el lenguaje humano, ni siquiera una imitación de él. La laringe de un simio, simplemente no tiene esa capacidad. Por ejemplo, no puede hacer las principales vocales (a, o, i, etc.) del lenguaje humano.

La Guerra de los Cráneos

Carl Wieland, Graduado en Medicina y Cirugía

El reciente hallazgo de un cráneo en África hizo a muchos pensar que éste, de alguna manera ‘prueba la evolución’. Los hechos están lejos de ser emocionantes para los creyentes del ‘debe ser’ de la evolución.

‘Un cráneo de un millón de años de antigüedad encontrado en Etiopía, confirma la teoría de que el hombre moderno evolucionó de una singular especie pre-humana que se desarrollo en África y migró hacia el resto del mundo … ’.

Esa fue la introducción de un artículo en CNN Internet acerca del (entonces) más reciente, y supuesto simio-hombre encontrado. Se trataba del cráneo del tan nombrado Homo erectus, detalles del cual fueron publicados en Nature y anunciados a través de todo el mundo. El promedio de los lectores de la introducción en la Red pudieron pensar que este espécimen había confirmado de alguna manera que la gente evolucionó de ancestros sub-humanos. Pero aún los evolucionistas al leer esto tendrían que estar de acuerdo que ese no era el punto del que se trataba.

El Hombre ¿un mono con conciencia?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Ciertos primates como el chimpancé, gorila y orangután, cuando gracias al adiestramiento por parte de cuidadores humanos han sido motivados a desarrollar al máximo las capacidades de su sistema nervioso y su psiquismo, han revelado los siguientes comportamientos. Así como el resto de animales son capaces de sentir estímulos procedentes del mundo exterior, tales como frío, calor, luz, oscuridad, olor grato o desagradable, ruido o silencio, etc., pero no perciben realidades, sólo perciben estímulos.

¿Qué significa esto?

El calor es para ellos lo térmicamente agradable o lo térmicamente molesto, pero son incapaces de ir más allá y pensar, por ejemplo, que “aquella cosa está quemando por ser caliente”. No pueden retener el concepto de calor y emplearlo para su beneficio como hace el hombre, ni concebir una idea de lo real, o convertirla en un símbolo, ni realizar proyectos, ni comunicar a los demás el nuevo invento que se ha logrado y además continuar perfeccionándolo mediante el apoyo o las ideas de otros. Todo esto son actividades exclusivamente humanas. Por eso el hombre tiene historia, a diferencia del mono, porque es capaz de concebir proyectos y llevarlos a cabo.

El Hombre desciende de Dios

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El nombre que el ser humano ha dado a su propia especie, Homo sapiens, denota la inteligencia que caracteriza o debiera caracterizar el comportamiento del hombre. Es verdad que cuando nos comparamos con otros animales irracionales, sobre todo por lo que respecta a su conducta, cuidado de las crías, fidelidad a los congéneres, sentido común, etc., en ocasiones el calificativo de “sabio” parece más apropiado para alguno de ellos, que para ciertos individuos de la especie humana. No obstante, a pesar de tales consideraciones morales, es innegable que el hombre es cualitativamente diferente de todos los demás organismos que habitan este planeta.

Pasaremos revista a los principales fósiles pertenecientes al género Homo y a las notables similitudes que presentan con el ser humano moderno.

«Homo erectus» ¿humano?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La paleontología evolucionista reconoce la especie Homo erectus, que significa “hombre que caminaba erguido,” como perteneciente ya a un verdadero ser humano que poseía su cultura propia. Desde que el médico holandés, Eugene Dubois, encontrara en 1892 su famoso Pitecanthropus erectus en Trinil (Java), se han venido descubriendo numerosos fósiles atribuidos a Homo erectus en Asia, Europa y África. La razón principal por la que se le considera más primitivo que Homo sapiens es su capacidad craneal y el prominente arco superciliar.

El volumen de su cerebro oscilaba entre 800 y 1.250 centímetros cúbicos. Esto lo sitúa dentro del rango inferior del ser humano, cuya dispersión actual oscila entre los 700 y 2.200 c.c. No obstante, muchas personas que viven en la actualidad, como los pigmeos y otras etnias, poseen el mismo volumen craneal que Homo erectus.

No tenemos “abuelopitecus”

Antonio Cruz, Doctor en Biología

La postura erguida del ser humano requiere de una configuración anatómica muy especial que le hace notablemente diferente de los simios.

Ningún otro animal conocido posee tales características. ¿Pudo la evolución realizar los cambios anatómicos necesarios para pasar del modo de caminar a cuatro patas, propio del mono, a la posición bípeda del hombre? Investigaciones en anatomía comparada que han empleado modelos de computadora han puesto de manifiesto que esto no es posible. Los australopitecos no fueron nuestros antepasados. 

 Los australopitecos o “monos del hemisferio austral”, así como los fósiles incluidos dentro de los géneros Paranthropus, Praeanthropus, Zinjanthropus, Paraustralopithecus y Kenyapithecus, fueron animales parecidos a los simios actuales.

¿Primates o personas?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

El evolucionismo nos ha enseñado a creer que en la remota antigüedad, allá por el período geológico del Pleistoceno, un reducido grupo de primates inició un proceso de humanización que culminó con la aparición del ser humano.

Se dice que primero fue el bipedismo: cansados de caminar a cuatro patas, tales antropoides decidieron erguirse y andar como las personas. Sus manos quedaron así liberadas para fabricar toda clase de objetos útiles: hachas de sílex, flechas de hueso, pistolas y hasta telescopios espaciales como el Hubble.

La cabeza les fue creciendo poco a poco porque sus cerebros ya no cabían dentro de la reducida cavidad craneal que tenían aquellos primitivos monos. Así habrían surgido, a lo largo de millones de años, el lenguaje a partir de los gruñidos, la inteligencia humana a partir del instinto e incluso la conciencia reflexiva como producto de la más pura animalidad.

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